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Habló de su paso mundialista con Panamá, alabó el recorrido de Juan C. Osorio y la verraquera de Pinto.
“Todavía estoy reventado”, responde Hernán Darío Gómez cuando se le consulta cómo vivió los momentos después de darle, por primera vez a Panamá, la clasificación a un Mundial de fútbol.
Cuenta que se escondió para no subirse al carro de bomberos. “No daba más, fue muy bravo” y por eso decidió salir con sus hijos y su esposa, por un costado del estadio.
Ayer, aún con el cansancio en su cuerpo pero feliz, habló con EL COLOMBIANO sobre la nueva hazaña, pues ya había logrado con Ecuador en 2002 algo semejante.
¿Qué fue ese día después?
“La verdad, de una inmensa alegría, algo muy especial. Ser otra vez el técnico que lleva a un país como Panamá por primera vez a un Mundial, es un orgullo; siento que le doy alegría a la gente, ejemplo y ayudo a generar optimismo para la consecución de metas”.
¿Qué hizo para lograrlo?
“Tuve un grupo especial de jugadores que les ha tocado educarse fuera del país y los hemos combinado con unos muchachos de acá. No hay para escoger mucho y por eso se hace más agradable...