Doña Beto sabía que se podía morir, pero no quería que la llevaran al hospital, no sin antes dejar a Sasha en manos de alguno de los miembros de la fundación Manejo de Fauna Callejera.
“La señora Beto está muy mal, necesita ser hospitalizada ya, ella llegó acá con una perrita y me dice que no se va para la clínica hasta que uno de ustedes no venga por la perra”, así recuerda Leidy Guerra Montoya, directora y representante legal de la fundación, esa llamada de casi auxilio.
Y recuerda también que llamó a algunos de sus compañeros, y que salieron corriendo para el Centro Día –el lugar de atención básica para habitantes en condición de calle en Medellín– y allá estaba doña Beto, recostada en el piso, y apenas los vio llegar se paró a abrazarlos y les dijo: “Mis muchachos, yo estoy muy mal, no sé si voy a volver, no me vayan a dejar a mi perrita sola, júrenme por favor que si algo me pasa ustedes se van a quedar con ella”.
Y ellos le juraron que sí, y doña Beto se fue tranquila. Y después de un tiempo hospitalizada volvió por su perra, pero ya no quería volver más a la calle. Pero eso era otro problema, porque en los programas de rehabilitación de la alcaldía no reciben personas con perros, pero gracias a la insistencia de doña Beto, a la fundación y al Consejo, doña Beto pudo hacer la rehabilitación con su perrita. Fue la primera vez que se permitió que una persona acudiera a un programa de esos con su mascota, que es su compañera, su familia, su todo. Porque todo ha sido con Sasha y por Sasha, que nunca la abandonó.
“Por esa negra, esa negrita hermosa carajo, esa negra grosera, tomé la decisión de hacer estos procesos y venirme para acá, para no dejar ese animalito por allá solo en la calle, pasando trabajos, quizás ya ni estaría viva y ya la hubiera matado un carro por allá toda enloquecida buscándome”, se le oye decir a dona Beto en un vídeo grabado por la fundación en medio de su proceso de rehabilitación.
Hay infinidad de razones para llegar a la calle, pero doña Beto, después de más de 20 años habitando la calle, encontró una salir, su perra.
Y para lograrlo contó con la ayuda y el acompañamiento de Manejo de Fauna Callejera, una fundación que se enfoca en hacer jornadas gratuitas de esterilización por todo el país y en apoyar con alimento y atención a las mascotas de las personas en condición de calle.
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Manejo de Fauna Callejera nació por iniciativa del veterinario Juan Jiménez, con el propósito de hacer esterilizaciones gratuitas en diferentes zonas de Medellín.
Eso hicieron los primeros años, hasta que un día Juan acompañó a otra fundación que llevaba comida a los habitantes en condición de calle de algunos sectores del centro de la ciudad, y allá se encontró con otra problemática, un montón de perros que tenían dueño, pero poca atención profesional por las condiciones en que vivían.
Empezó llevándoles alimento y medicamentos a las mascotas, para poco a poco ir generando confianza con los dueños, y que les permitieran acercase a los perros y atenderlos, y si era necesario llevárselos un par de días para esterilizarlos o hacerles los procedimientos que fueran necesario.
“Fue difícil, a veces ni nos recibían el concentrado. A ellos les han pasado muchas cosas, muchos nos contaban que les llevaban comida con con pega, por eso eran tan desconfiados. Entonces empezamos a ir todos los jueves con el cuido y les dábamos, y así nos empezaron a creer, a confiar”, dice Leidy, que llegó como voluntaria hace nueve años.
Así llevan ya 10 años, yendo cada jueves. Se encuentran en la estación Prado del Metro, ahí llegan algunos perros con sus dueños, y los voluntarios de la fundación empiezan a empacar los 90 kilos de concentrado para perros y los 16 de concentrado para gatos en bolsas más pequeñas, como de un kilo cada una, y las van repartiendo, de a tres a cada uno. Después bajan a la Avenida de Greiff, y ahí van llegando otros perros con otros dueños, casi todos sueltos, y ahí se quedan hasta que se reparte todo.
Aprovechan para desparasitar y vacunar cuando es necesario, y hacer consulta, resolver inquietudes. A veces alguien lleva comida también para las personas, y comen y comparten, y cuando alguno de los dueños está de cumpleaños, le llevan torta para celebrar.
En 10 años han conocido un montón de historias, de gente y de perros que les han permitido entender que no todas las mascotas que está en la calle está mal, y no todas las que están en una casa están bien. Y ese aprendizaje se ha vuelto su lema, su mantra.
“Yo fui un jueves a una de esas jornadas y me quedé. Me pareció brutal, me asombró mucho el lazo que había entre el equipo, el doctor, la gente, las mascotas. Tenía una visión muy diferente de los animales que viven con personas en la calle y eso me cambió, por eso acá tratamos de dignificar tanto a los habitantes de calle. Cuando llegan muchos voluntarios a las jornadas yo siempre les digo, abran su mente a lo que va a pasar acá, ábranse a las personas, hablen con ellos, no estamos acá solo por los animales”, dice Leidy.
Ese es un punto fundamental. Para pensar en el bienestar de los animales hay que pensar primero en el bienestar de las personas.
“Eso es lo básico. La protección de los animales debe partir de la protección a la comunidad, a la gente. Si la gente está bien, los animales van a estar muy bien”, dice Julio Aguirre, decano de la facultad de veterinaria de la Universidad Remington.
Pero en este país no sólo los perros han sido abandonados y maltratados, las comunidades y las personas también. Por eso la fundación insiste tanto en la educación, en acercarse a la gente y antes de juzgar dar información. A veces la gente no tiene un veterinario cerca, o no tiene los recursos para consultar, otras veces tiene los recursos, pero no dimensiona siquiera lo que es tener un perro.
“La gente es muy olímpica para adoptar, son como acelerados, en eso hay que ayudarles. Yo siempre les digo que tiene que buscar un animal que se pueda adaptar a su estilo de vida, no que ellos se tengan que adaptar al de él. Tener un perro es un asunto de conexión, de generar un vínculo, es un ser con el que vas a vivir 12 o 15 años de tu vida”, dice Leidy.
Por eso a veces en la calle están mejor. Pues, aunque no se alimentan con productos de primera calidad, muchas veces si generan vínculos tan fuertes como el de Sasha y doña Beto, que arriesgo su vida por no abandonar a su perra. O Yui y Panguanao, que llevan 11 años juntos, todo el día, todos los días, para arriba y para abajo.
“Panguano y doña Yuli solo se han separado una vez que a él lo cogió un carro. Nosotros lo llevamos y lo hospitalizamos, le hicimos todo el tratamiento, pero el perro no quería comer y empezó para atrás, a desmejorar, hasta se lo llevamos a doña Yuli, y llegó feliz, moviendo la cola”, dice Leidy.
Las mascotas necesitan más que casa y comida. Las cinco libertades del bienestar animal rezan:
Que no sufran hambre ni sed
Que no sufran injustificadamente malestar físico ni dolor
Que no les sean provocadas enfermedades por negligencia o descuido
Que no sean sometidos a condiciones de miedo ni estrés
Que puedan manifestar su comportamiento natural
Las personas también necesitan más que casa y comida. Necesitan generar vínculos con otros que pueden ser personas, pero mascotas, que aman sin juzgar y sin interés.
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A don Bertulfo le ha pasado todo lo que nadie quiere que le pase. Le mataron dos hijos, después tuvo otras dos, unas gemelas, y se las quitó el bienestar familiar cuando tenía cuatro años (ahora deben tener 22), estuvo preso y casi lo matan por robarle la chaza de dulces y cigarrillos con la que se sostenía: le dieron cinco machetazos que casi le tumban la mano izquierda.
Lo perdió todo, pero tiene tres perras que dice que son su vida: Mariela, Niña y Mile. Una se la regalaron y las otras dos se las compró en la calle, por un pago $7.000, por la otra $25.000. Y tiene también 10 gatos que han ido llegando a su casa, en lo alto de Manrique, donde vive con su hermano.
Dice que desde que la fundación existe ha ido por cuido. “Aquí me les dan el sostenimiento. Me las vacunan y les dan esas pastillas antipulgas”.
Bertulfo es escultor por vocación y reciclador por necesidad. Vive a contra reloj, porque todos los días sale de su casa a conseguir lo que necesita para pasar el día con sus animales. Así es cada día.
Sus perritas son todo, su vida. Ellas y el anhelo de volver a ver a sus hijas algún día, y el recuerdo de su chaza, de la que solo le quedó una foto que lleva siempre en el bolsillo de la camisa.
Manejo de Fauna Callejera se enfoca en hacer esterilizaciones gratuitas para animales en situación de calle y familias de bajos recursos por todo Colombia. Han estado en Puerto Carreño, Buenaventura, Popayán, laGuajira, San Andrés y Providencia, Mompox, entre otros... Tambiém en diferentes municipios de Antioquia. Además de las jornadas de atención y alimentación a perros en situación de calle, hacen también rescates, apadrinamientos y adopciones y jornadas de recolección de alimento.
La próxima jornada está programada para el domingo 17 de marzo en las instalaciones de Makro de la 65, de 9:00 am a 7:00 pm. Todos son bienvenidos.