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Luis Fernando Franco Duque, el músico que une los sonidos de la selva con los de la orquesta clásica

El músico recibió el encargo de Eafit de componer una pieza para conmemorar los cien años de publicación de La Vorágine.

  • Luis Fernando Franco Duque es un compositor y músico antioqueña que ha estudiado las sonoridades de Colombia. Foto: Camilo Suaréz
    Luis Fernando Franco Duque es un compositor y músico antioqueña que ha estudiado las sonoridades de Colombia. Foto: Camilo Suaréz
01 de septiembre de 2024
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En la mesa del comedor de la casa de Luis Fernando Franco Duque hay una colección de instrumentos musicales que sintetiza –en un cálculo rápido– mil quinientos años de historia. Las piezas proceden de las selvas y las montañas de Colombia. Fuera de un museo de antropología, difícilmente se encontrará una muestra de similar riqueza arqueológica y cultural. En medio de la conversación, Luis Fernando cuenta una anécdota que revela el valor de los instrumentos. Dice que los guías espirituales de la Sierra Nevada de Santa Marta le encomendaron la misión de tocar las ocarinas prehispánicas en algunos museos del mundo para aligerar la tristeza de las piezas encerradas en las urnas de cristal. “Esto nos recuerda que esas comunidades tienen una conexión distinta con la naturaleza”, dice el músico.

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Nacido en Medellín, Luis Fernando se describe como un investigador-creador. Sus procesos creativos están entrelazados con un enfoque investigativo, que le ha permitido explorar y fusionar la música tradicional y contemporánea colombiana. Fue el responsable de las bandas sonoras de “La vendedora de rosas” y “La mujer del animal”, las películas de Víctor Gaviria. Además, también estuvo detrás de la fundación del sello discográfico Guana Récords, enfocado en las músicas étnicas colombianas.

Desde los inicios de su carrera, Luis Fernando sintió fascinación por la diversidad musical del país. Por ese motivo, en su formación se dieron cita el estudio convencional en conservatorios y las experiencias sonoras con comunidades campesinas e indígenas. Este enfoque dual le ha servido para trabajar las tradiciones musicales ancestrales con las prácticas contemporáneas. “Mi interés siempre ha sido entender la diversidad de Colombia, no solo la identidad. Creo que es fundamental comprendernos desde la diferencia”, dice el compositor.

Además de su labor creativa, Luis Fernando ha colaborado con equipos interdisciplinarios en estudios como el reciente proyecto con el Banco de la República sobre instrumentos cerámicos prehispánicos. Ese interés también se traduce en la escritura de artículos y reflexiones de talante académico. Por estos días, por ejemplo, escribe un artículo para la revista Contratiempo, del Ministerio de Cultura, en el que aborda la diversidad y multiformidad de la música en Colombia, destacando su importancia no solo como entretenimiento, sino como un medio de comunicación cósmica, sanación y ritualidad en diferentes contextos culturales.

Todo este trabajo lo combina con la composición de un concierto para la Orquesta Sinfónica Eafit con motivo de los cien años de publicación de La Vorágine, la novela del escritor José Eustasio Rivera. Esta pieza musical fusiona las tradiciones ancestrales con la música sinfónica occidental. En lugar de adaptar los instrumentos tradicionales al sistema temperado occidental, Franco Duque opta por mantener las afinaciones naturales de estos instrumentos, permitiendo que la orquesta sinfónica interactúe con ellos en su propio lenguaje.

La obra no solo es un homenaje a la novela, sino una reflexión sobre temas actuales como la deforestación y el impacto humano en los ecosistemas. Durante sus visitas a algunos de los escenarios de la ficción literaria, Luis Fernando ha grabado paisajes sonoros naturales para integrarlos en la composición, creando un diseño que sumerge a la orquesta en un contexto selvático.

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Una de las preocupaciones que ha surgido durante este proceso es la contaminación auditiva y cómo afecta a los ecosistemas. El músico hace hincapié en las consecuencias de la expansión de las ciudades y cómo el ruido ha desplazado a las aves y otros animales, alterando la armonía natural. “Nosotros ejercemos una presión sobre los ecosistemas no solo con nuestra presencia física, sino también con nuestro ruido. Esta obra busca ser una reflexión sobre ese impacto”, explica Luis Fernando.

De momento, la pieza tendrá dos funciones. Una el 9 de noviembre en el Claustro Comfama y la otra el 14 de noviembre en el Centro Nacional de las Artes en Bogotá. Las horas de ambos conciertos se confirmarán un poco más adelante.

La paleta sonora de Colombia

Para Susana Palacios David, jefe de la orquesta EAFIT, el proyecto de La Vorágine “aborda la posibilidad de encontrarse sonoramente con el país. ¿Quién más si no una orquesta para elaborar toda la paleta sonora de esta novela que narra la violencia, la memoria, pero también la selva infinita?”. Este proyecto es liderado por EAFIT, la Orquesta Sinfónica en asocio con la Escuela de Artes y Humanidades.

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