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Colombia | PUBLICADO EL 16 octubre 2021

Los seis viajes para liberar a sor Gloria de Al Qaeda

  • Gloria Narváez celebró su liberación con la bendición del Papa Francisco. En la segunda foto, el coronel Camargo en su visita a Malí; y, en la tercera, el día que finalizó su secuestro. FOTO AFP
    Gloria Narváez celebró su liberación con la bendición del Papa Francisco. En la segunda foto, el coronel Camargo en su visita a Malí; y, en la tercera, el día que finalizó su secuestro. FOTO AFP
  • Los seis viajes para liberar a sor Gloria de Al Qaeda
  • Los seis viajes para liberar a sor Gloria de Al Qaeda
  • Gloria Narváez celebró su liberación con la bendición del Papa Francisco. En la segunda foto, el coronel Camargo en su visita a Malí; y, en la tercera, el día que finalizó su secuestro. FOTO AFP
    Gloria Narváez celebró su liberación con la bendición del Papa Francisco. En la segunda foto, el coronel Camargo en su visita a Malí; y, en la tercera, el día que finalizó su secuestro. FOTO AFP
  • Los seis viajes para liberar a sor Gloria de Al Qaeda
  • Los seis viajes para liberar a sor Gloria de Al Qaeda
Por: Camilo Osorio Sánchez

Mimetizados como médicos y voluntarios, policías colombianos llegaron a Malí para buscar a la monja nariñense. Se cruzaron con los yihadistas.

El trino de la Presidencia de Malí que confirmó la liberación de la monja Gloria Narváez, el pasado 9 de octubre, fue todo un alivio para el coronel Gustavo Adolfo Camargo, quien pudo cerrar un capítulo de cuatro años de inteligencia.

La misión, la cual le describe a EL COLOMBIANO como la más difícil en sus 18 años de trayectoria en el Gaula, implicó seis viajes a Malí durante el tiempo del secuestro, exponiéndose a una facción de Al Qaeda sumamente violenta y peligrosa, en un país anclado en el Sahara y con múltiples barreras de comunicación. Pero los 40 grados de temperatura, el poco acceso a agua potable y los 7.776 kilómetros que lo apartaban de Colombia no minaron en el plan de encontrar a la monja nariñense.

El primer viaje al país africano se dio 20 días después del secuestro, ocurrido el 7 de febrero de 2017 en la aldea Karangasso, a 400 km de Bamako, la capital de Malí. Ya que Colombia no tiene embajada en ese país africano, los cinco policías que tenían la misión tuvieron que llegar a Ghana para tramitar los permisos de ingreso. Para ese proceso fue clave la cooperación con España y Francia, que facilitaron las relaciones diplomáticas con las autoridades malienses.

“Después de llegar a Bamako nos dimos cuenta que la solución a este caso era la liberación y no un rescate”, recuerda el coronel Camargo, debido a las difíciles condiciones con las que se toparon. Describe a Malí como uno de esos pueblos lejanos de la costa Caribe: árido y muy rural, con una capital en la que si mucho, hay cinco edificios. El resto del país es desértico, caluroso y muy pobre.

Los investigadores colombianos hablaban inglés, pero en Malí es dominante el francés. Sin embargo, entre más se alejaban de la capital, menos entendían la lengua, que cambiaba al bambará, idioma de por lo menos la mitad de los malienses (un país con aproximadamente 20.250.834 de personas). Por eso, tuvieron que empezar a “disfrazarse” de profesores, voluntarios y ayudantes de las ONG, ya que su fenotipo y acento los hacía plenamente reconocibles.

Luego de tres meses en Malí, retornaron a Colombia con algo claro: sor Gloria estaba en poder del Frente de Liberación Macina bajo participación de Yihadistas Bambará de Sikasso, aliados de Al Qaeda, quienes la secuestraron asumiendo que era diplomática, cuando lo cierto era que fungía como voluntaria de enfermería. Por eso, pedían 3 millones de dólares por su liberación.

Ilusión desvanecida

La delegación volvió a Malí entre octubre y diciembre del 2017 para descubrir dónde estaba la monja, a quien sacaron de Karangasso en moto y llevaron hasta el sur del país, muy cerca de la frontera con Burkina Faso. Como los radicales escapaban de un grupo militar francés de contención al terrorismo, durante el tiempo del cautiverio la monja recorrió la frontera de Burkina Faso hasta Niger, y bordearon los límites entre Niger y Malí para quedarse en el norte del país, entre las localidades de Tombuctú y Gao.

Los policías volvieron en el 2018 de mayo a agosto, y de octubre a diciembre, tiempo en el que afianzaron relaciones con contactos que servían de mensajeros: “Nos interesaba que supieran que ella no representaba al Estado, solo era una monja”.

En diciembre de 2018 hubo luces de liberación. El Gaula sabía exactamente dónde estaba la hermana y con quién estaba. Pero la luz se fue apagando y los contactos dejaron de responder por meses.

Entre esos contactos estaban los vendedores de camellos, uno de los cuales ayudó a grabar al Frente de Liberación Macina con una cámara oculta en el pecho, imagen que le puso rostro a los terroristas. Pero las esperanzas se perdieron en el desierto.

Pruebas de supervivencia

Hubo episodios en los que se rumoraba que la monja estaba muerta. Los policías, desesperados, llamaban a sus contactos que aseguraban que eso no era cierto, gestiones con las que lograron siete pruebas de supervivencia entre videos, cartas y fotografías –cuatro de ellas en 2021–.

Los esfuerzos por contactarla se dieron con dos misiones más, una en 2020, y otra en marzo de 2021, temporada para la se vislumbraban avances gracias a una reunión del papa Francisco con líderes musulmanes, a la gestión de la iglesia y políticos con figuras claves de África, y a la inteligencia policial.

“Cuando vimos que estaba por confirmarse su liberación, salimos de Malí para que confirmaran que no estábamos planeando una ofensiva”, confirma el Coronel.

La hermana Gloria fue liberada y no rescatada en Malí., tras cuatro años de mediación internacional y eclesiástica .

Contexto de la Noticia

Paréntesis enfermera de sus secuestradores

Los conocimientos de enfermería que la hermana Gloria Narváez enseñaba en la aldea de Karangasso fueron claves para mantenerse con vida en cuatro años de cautiverio. Según datos de inteligencia, la monja empezó a atender y curar a los otros nueve extranjeros cautivos y luego a los yihadistas que la secuestraron. Esa función convenció a los delincuentes de que no era una diplomática, sino una voluntaria en África, como decían los mensajes humanitarios que el Gaula enviaba a través de mensajeros por el desierto del Sahara.

Camilo Osorio Sánchez

Comunicador y periodista de la Universidad del Valle, apasionado por las narrativas digitales, la innovación social y los enfoques de género.

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