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Política | PUBLICADO EL 02 octubre 2022

Este es el círculo íntimo que le habla al oído a un hermético Petro

Dos exM-19 hacen parte de la guardia ideológica y varios excongresistas son de su eje político.

  • El presidente Gustavo Petro tiene dos tipos de alfiles: los aliados ideológicos y los asesores políticos de partidos tradicionales. FOTO COLPRENSA
    El presidente Gustavo Petro tiene dos tipos de alfiles: los aliados ideológicos y los asesores políticos de partidos tradicionales. FOTO COLPRENSA
  • El presidente Gustavo Petro tiene dos tipos de alfiles: los aliados ideológicos y los asesores políticos de partidos tradicionales. FOTO COLPRENSA
    El presidente Gustavo Petro tiene dos tipos de alfiles: los aliados ideológicos y los asesores políticos de partidos tradicionales. FOTO COLPRENSA

Hay dos guardias petronianas que custodian al presidente Gustavo Petro en la Casa de Nariño. La primera, un círculo político de los aliados que saben cómo operan las maquinarias y se montaron al tren del triunfo para estar en el poder. La segunda, la de los viejos aliados de las bases de la izquierda que le acompañan, incluso, desde sus tiempos de militante en la guerrilla del M-19.

La imagen de esos dos sectores que le acompañan en el poder se hizo evidente en sus declaraciones del viernes al término de la primera reunión con todo su equipo de gobierno. En el retrato estaban las cuotas políticas del consejero Luis Fernando Velasco, el ministro Alfonso Prada y el director del Dapre, Mauricio Lizcano.

Pero también la voz ideológica de la ministra Susana Muhamad, la jefa de gabinete Laura Sarabia que se volvió su mano derecha en la Casa de Nariño y el ministro Alejandro Gaviria, quien terminó siendo uno de los más cercanos. En esa intervención también tuvo a la vicepresidenta Francia Márquez junto a él.

Entre los alfiles políticos, incluso, hay pujas para decantar quién le habla más de cerca al Ejecutivo que apenas está en su día 56 de gobierno y trazando una línea de cambio –como él mismo lo pidió– para los cuatro años venideros.

En la frontera entre la guardia política y la ideológica está la ministra de Ambiente, Susana Muhamad. La politóloga está en las bases del petrismo; antes de llegar al Ministerio había sido concejala de Bogotá por la Colombia Humana y desde ese asiento en el Concejo capitalino representó el legado de Petro para el Distrito. Es más: Muhamad fue secretaria de Ambiente durante su Alcaldía.

Tan cercana es la ministra Muhamad que fue su escolta en el viaje a Nueva York para la Asamblea de la ONU, también hizo comentarios a su discurso en la plenaria del organismo y tiene línea directa con el Ejecutivo. El otro chaperón de Petro en ese segundo viaje internacional no es de sus entrañas, pero se ganó la confianza del presidente: el ministro de Educación, Alejandro Gaviria.

El exrector de la Universidad de los Andes no quiso entrar a la campaña del Pacto Histórico a comienzos de 2022 aún cuando el candidato de su coalición –Sergio Fajardo, de la Centro Esperanza– se estaba quemando en las encuestas en su intento de pasar a segunda. Gaviria solo se le adhirió hasta dos semanas antes de la contienda final del 19 de junio.

Quienes estuvieron en Nueva York confirman que Gaviria siempre estaba cerca del presidente, más que el mismo canciller Álvaro Leyva, y él es una de esas sombras que llegaron por utilidad: ha sido político y sabe cómo operan el Estado.

Como lo aseguró un integrante del Pacto Histórico, “hay algunos que consideran que llegaron por lagartos, pero el presidente supo leer que era muy importante tener experiencia y gente técnica que ayudara a que el barco siguiera flotando mientras lo llevamos al puerto que queremos del cambio”.

Ese objetivo requería de políticos tradicionales. Y llegaron, como el liberal Luis Fernando Velasco, quien tiene la Consejería para las Regiones, ya fue su emisario para temas de conflictividad social y lideró el éxodo de liberales al petrismo que terminó entregando las banderas del partido rojo a la izquierda.

La maquinaria le funciona por experimentados como el ministro del Interior, Alfonso Prada, y el director del Dapre, Mauricio Lizcano. El primero fue del ala del expresidente Juan Manuel Santos; el segundo, estuvo en las cercanías del expresidente Álvaro Uribe.

Y ahí, en medio de ellos, está Laura Sarabia, la secretaria privada de Petro, a quien en el círculo político ven como una figura incómoda que no los deja llegar de forma directa al Jefe de Estado, pero quien a sus 28 años se forjó un espacio junto al mandatario. Fue él quien la puso ahí, a su lado, para ayudarle a tener visión de todo lo que pasa a su alrededor. Venía de trabajar con el ahora embajador en Venezuela, Armando Benedetti, y se sabe que Lizcano es quien –sin ningún éxito– más ha intentado bajarle el perfil.

En todo caso, el pelotón de la guardia petroniana lo completan dos políticos que combinaron el uribismo, el santismo y el petrismo: Roy Barreras y Benedetti. El primero tiene al Congreso trabajando a toda máquina para aprobar los proyectos –que ya consiguieron visto bueno en primer debate como la reforma política y el Presupuesto General de la Nación– y el segundo avanza en una misión de equilibrista entre la política exterior y la cercanía con un dictador como Nicolás Maduro.

Hay otro nombre que se confirmó esta semana: el del periodista Fernández Martínez, cuñado de Benedetti, quien como consejero para temas empresariales tiene la misión de acercar al Presidente a este gremio. ¿Cuota que deja al Embajador en Venezuela como un poderoso en Palacio?

Los amigos del Presidente

Algunos de esos amigos están en cargos de la Casa de Nariño, otros consiguieron su asiento en las instituciones del Estado que manejan los asuntos más delicados y los secretos de Colombia. Están en contacto con el mandatario para encuentros que trascienden la agenda del Gobierno.

El más cercano es Augusto Rodríguez. Él es compañero de causa desde su inicio, porque militó junto a Petro en sus tiempos en el Movimiento 19 de abril (M-19) y ha estado presente en casi toda su carrera política desde la década de los 90, cuando dejó las armas para emprender las disputas democráticas en las urnas.

A Rodríguez le dio la dirección de la Unidad Nacional de Protección (UNP), la entidad del organigrama colombiano que custodia a los políticos y líderes de todos los tintes. Con él se mantiene en contacto, aunque no está en su agendan de reuniones diarias, y es la primera línea de los consejeros que sí le hablan al oído más allá de la figura de un cargo público. Es del círculo ideológico, por el que –según sus críticos– en el mandato presidencial ha primado el desorden. Pero esos aliados se defienden diciendo que se han ceñido al programa que les dio 11,2 millones de votos. El tiempo dirá dónde está la razón.

Pero como Augusto Rodríguez, otro exM-19 está en esa intimidad. Su nombre es Manuel Casanova, filósofo y exguerrillero de bajo perfil al que le entregó la Dirección Nacional de Inteligencia. Palabras más palabras menos, la entidad del Estado que todo lo conoce, lo de la Colombia del pasado en la que ellos le huían a la justicia y lo de ahora. En ese país de la actualidad hay voces de la derecha del Centro Democrático –como la de la senadora Paloma Valencia o la del propio expresidente Álvaro Uribe– que temen persecución.

También está en este paquete un experto traído de España que se volvió clave en la construcción de sus discursos más estratégicos. Antoni Gutiérrez-Rubí pasó de ser estratega a asesor externo de comunicaciones y sus análisis son tan relevantes para Petro que fue él quien le ayudó a construir el discurso que dio tras ganar las elecciones y el de la Asamblea General de Naciones Unidas. Es más: a Gutiérrez-Rubí le delegó la moderación del inicio de su Consejo de Ministros del viernes en la Casa Presidencial de Hato Grande.

Que un jefe de Estado tenga delegados para construir sus alocuciones es habitual, pero en Petro no: el mandatario es un político que trina solo, suele decidir por su cuenta y los apuntes externos los toma como comentarios, mas no siempre como consejos a seguir. Tan solitario es para tomar decisiones que incluso no tiene problema en llegar tarde o incluso no llegar a compromisos públicos, como ocurrió el pasado jueves Villa de Leyva, donde dejó esperando a los magistrados de la Corte Constitución, pues estaba prevista una intervención suya.

Otros amigos suyos de vieja data, de esos que llegaron muchos antes de que él fuera un presidenciable, caminan junto a él. El abogado Eduardo Noriega es tan cercano que su esposa, la también jurista Catalina Velasco, terminó en el Ministerio de Vivienda, un rol determinante para un inquilino de la Casa de Nariño que quiere hacer el cambio con “justicia social”.

Noriega era su escolta en la campaña y militó en el Polo Democrático Alternativo, uno de los tantos partidos que edificó las bases del petrismo junto a la Colombia Humana que lo llevó a la segunda vuelta de 2018.

Al economista Saúl Kattan Petro le delegó la consejería para la transformación digital. Kattan fue su guardián en ETB (la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá) cuando él fue alcalde y, aunque sonó para ministro TIC, terminó en el ramillete de asesores cercanos al despacho presidencial.

Otro que estuvo a punto de tener un cargo directivo es César Ferrari, quien había sido designado como director del Departamento Nacional de Planeación, pero su nombramiento se cayó por tener doble nacionalidad (colombiana e italiana), un limitante de ley con el que no había contado Petro al momento de encargarlo.

Ferrari, sin embargo, sí quedó en la guardia petroniana como asesor grado 14 del Dapre, un cargo que tiene un salario de 9,4 millones de pesos: de los más altos que puede conseguir un asesor de esa oficina

Contexto de la Noticia

Paréntesis Los alfiles en el congreso

La gente de Gustavo Petro es mayoría en el Congreso, pero pocos son realmente cercanos a él. Una de las más próximas es la presidenta de la Comisión Segunda del Senado, Gloria Inés Flórez, artífice del restablecimiento de las relaciones con el régimen de Nicolás Maduro y cuyo esposo, Carlos Pino, fue expulsado de Colombia en 2018 por espionaje. Su otra conexión ideológica en el Senado es María José Pizarro, hija de su compañero de filas, el excomandante Carlos Pizarro; y en la Cámara de Representantes está el presidente de esa plenaria, David Racero, quien se forjó en la Colombia Humana y está en ese círculo próximo de los que siempre le han acompañado.

Juliana Gil Gutiérrez

Periodista egresada de la facultad de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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