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Colombia | PUBLICADO EL 16 diciembre 2020

Reducción en desnutrición infantil en América Latina esconde desigualdades: FAO

  • Los niños y niñas, junto a las mujeres, la población afrodescendiente e indígena son los más vulnerables ante el hambre. La FAO alerta sobre los efectos en su crecimiento. FOTO Cortesía FAO
    Los niños y niñas, junto a las mujeres, la población afrodescendiente e indígena son los más vulnerables ante el hambre. La FAO alerta sobre los efectos en su crecimiento. FOTO Cortesía FAO
  • Los niños y niñas, junto a las mujeres, la población afrodescendiente e indígena son los más vulnerables ante el hambre. La FAO alerta sobre los efectos en su crecimiento. FOTO Cortesía FAO
    Los niños y niñas, junto a las mujeres, la población afrodescendiente e indígena son los más vulnerables ante el hambre. La FAO alerta sobre los efectos en su crecimiento. FOTO Cortesía FAO

La entidad resalta que la desnutrición aguda en niños se redujo del 22,7% (1990), a 9% hoy en América Latina. Hay retos en el retraso de crecimiento.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó su informe más reciente sobre seguridad alimentaria y nutrición para América Latina. En él se reseñan logros como la reducción de la desnutrición crónica en las niñas y los niños menores de 5 años, de 22,7% (1990), a 9% en la actualidad, un porcentaje inferior al promedio mundial de 21,3%. Una cifra que si bien positiva, esconde profundas grietas.

“Es verdad, la desnutrición se ha reducido, pero sería muy fácil escondernos en los promedios”, señaló, tal vez en tono de regaño, Julio Antonio Berdegué, representante Regional de la FAO, en la presentación del informe. Se refería, por supuesto, a que si bien esos promedios vienen en franca mejoría en casi toda la región, “esconden desigualdades. Hay niños y niñas que viven en condiciones que el resto de América Latina ya ha dejado atrás”. Niños que están “perdiendo” la llamada “ventana de oportunidad”.

El desarrollo humano también las tiene. “Pequeños” espacios de tiempo en el que ser todo lo posible puede ser una posibilidad mucho más real y abarcable. Aunque pueda sonar a azar, la ciencia ha señalado los 1.000 primeros días de vida (desde la concepción hasta los tres años) como esa línea temporal en la que se define esa primera ventaja o desventaja con la que llegamos al mundo.

Hay cosas que suceden a esa edad que no volverán a suceder. El cerebro infantil puede crear hasta mil conexiones neuronales por segundo, un ritmo que no se repetirá y que abre un abanico de oportunidades que, bien aprovechadas, motivarán un crecimiento rápido y fuerte.

La alimentación, importante durante todo el ciclo de vida, tiene especial valor allí porque es el combustible de un motor que está a toda velocidad. La UNICEF indica que el cerebro infantil consume entre un 50% y un 75% del total de la energía que absorbe de alimentos y de una buena nutrición. Cuando un niño no recibe la nutrición que necesita, escribió en un texto Anthony Lake, director Ejecutivo de ese organismo, “se expone al peligro de retrasar el desarrollo físico y cognitivo”.

La distribución del hambre

Medir el hambre no es una tarea fácil. La misma FAO ha cambiado en por lo menos una vez (1990) los indicadores que utiliza. Hay muchos, desde la desnutrición aguda infantil, hasta la obesidad; hay unos que se refieren más a la cultura individual por una sana (o no) calidad de vida; y hay otros que reflejan realidades estructurales. Entre estos últimos se encuentra el retraso de crecimiento infantil.

47
millones de personas viven con hambre en América Latina y el Caribe, según FAO

“A partir de unos estándares de la OMS se estableció un canal de crecimiento adecuado, en el que se relaciona la edad con la estatura. Esos estándares dicen cuánto debe medir un niño a cada edad; si no se cumple, tiene un retraso de crecimiento”, señala Yury Marcela Ocampo Buitrago, nutricionista dietista y magíster en antropología. Este indicador fue el foco de atención de la FAO, ya que no solo refleja una realidad sistemática (la estatura no cambia de un día para otro), sino que también revela que el hambre afecta a unos más que otros.

Mientras el promedio colombiano de retraso en el crecimiento infantil es de 10.8%, según la Encuesta Nacional de Salud de 2015 (la última), los niños y niñas en Vaupés tienen un retraso en su crecimiento del 34.7%; en el Cauca del 23.1% y en la Guajira del 27.9%, por señalar los ejemplos más extremos.

10,8%
fue el promedio de retraso de crecimiento infantil de Colombia según ENSIN

Allí la situación se asemeja o es incluso peor al promedio nacional en 1990, cuando esta tasa era del 26.1%.“Las repercusiones que sufren estos niños no son solo biológicas. El hambre causa desesperanza y sufrimiento. Con ellos la humanidad está poniendo en peligro un futuro de potencialidades inigualables” agrega Luz Marina Arboleda, docente de nutrición de la Universidad de Antioquia. Las causas apuntan a modelos estructurales.

“Se requiere un enfoque territorial en la lucha contra el hambre y la malnutrición en los niños y los niños. Tenemos que coordinar políticas y herramientas en los países” reiteró Berdegué. No es que no haya comida, señaló, “esta región produce alimento para dar de comer a los 650 millones de personas que vivimos aquí y nos sobra para alimentar a casi 200 millones más. Falla la política pública, falla el sistema económico”.

en definitiva

El último informe de seguridad alimentaria y nutrición de la FAO señala que el hambre es un flagelo que afecta de forma discriminada a las poblaciones más vulnerables de la región.

Contexto de la Noticia

Para saber más ¿Qué es la desnutrición crónica?

Este indicador, según define el Ministerio de Salud, es la expresión última de la situación de inseguridad alimentaria y nutricional. Se caracteriza por un deterioro de la composición corporal y alteración sistemática de las funciones orgánicas y psicosociales.

PARA SABER MÁS los efectos de la pandemia

Los efectos de la pandemia en el estado de la seguridad alimentaria en América Latina no se conocen. Sin embargo, la FAO ya predice un retroceso de al menos 30 años en la lucha contra el hambre. “Vamos a ver un fuerte aumento en las cifras de hambre y malnutrición”, señaló Berdegué, representante regional para América Latina y el Caribe. Las proyecciones de la entidad ya eran pesimistas antes de la pandemia. En ellas estimaba que en 2030 el hambre afectaría a 67 millones de personas en la región. Esto aleja la posibilidad de cumplir la meta de los Objetivos de Desarrollo.

Juan Diego Quiceno Mesa

Periodista de la Universidad de Antioquia con estudios en escritura de guión de ficción y no ficción.

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