Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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Este habitante de Riosucio, Chocó, acompaña procesos de restitución. El servicio ha sido su trabajo en 30 años.
Aunque nunca le gustaron las peleas, cada vez que en su escuela los chicos de su edad arreglaban sus asuntos a los puños, Pablito se ubicaba en primera fila. Pareciera como si le gustara ver como sus amiguitos, de torso negro tostado por el sol chocoano, se molían a golpes en medio de una bullaranga que alebrestaba el caserío.
Es como si pagara siempre el boleto de primera fila, aunque en sus bolsillos no tenía ni un centavo para comprarse un pedazo de pan. Pero estaba ahí, de primero, aprovechando su menuda figura que le permitía a su cuerpo de 10 años de edad colarse entre la muchedumbre.
Pablito buscaba siempre ese lugar, no por azuzar —como lo hacían sus otros compañeros— la ira de los contrincantes, sino porque en el momento en el que los puñetazos iban y venían con más fiereza, y la piel negra de los muchachos estaba a punto de reventarse y brotar la sangre contenida en moretones, se paraba en la mitad, alzaba sus manos y terminaba la contienda. En ese momento hacía que se dieran...