Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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El deseo de no ser una carga, hace que un niño arriesgue en las calles, sin saberlo, sus sueños y talento.
Uno se pregunta qué hace un niño de diez años andando las calles solo, vendiendo dulces en los buses o en cualquier negocio. Sobre todo uno que lleve un libro en la mochila; que se adelante a los demás en su colegio y sueñe con estudiar en una universidad privada y viajar para saber si Los Ángeles es una ciudad con playas hermosas o llena de tráfico y basuras, porque ha escuchado las dos cosas.
“Mi mamá antes me dice que no me ponga a trabajar, que con ella no me falta nada. Pero yo estoy cansado de que ella tenga que trabajar todo el día, levantarse antes de las cinco de la mañana a lavar, a cocinar... para mí es muy maluco. Por eso quiero trabajar para tener mi propia plata, comprarme mis cosas y quitarle una carga de encima a mi mamá”, responde él.
El pequeño habla al tiempo con los ojos, con las manos y con la voz, que todavía es dulce. No dice groserías. Cuenta que este año ganó el cuarto grado, que sacó otra vez el primer puesto de su clase, en el colegio Fe y Alegría Santo Domingo...