Pico y Placa Medellín
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La ley obliga a comercializadores y fabricantes a reciclarlas. Ciudadanos también son responsables del manejo.
Imagine el líquido amarilloso que sale de la pila, que por meses usó en el reloj de pared, circulando por el agua de una quebrada o en el congelador de su nevera, a centímetros de la carne.
Estos elementos, baterías, como se conocen técnicamente, son, por tradición, arrojados a la caneca de basura, mezclados con residuos alimenticios y llegan en el mismo paquete al relleno, donde son enterrados.
Y vuelve el líquido, aquel que nos avisa del fin de la pila, el que se percibe como óxido y se comienza a derramar, tímidamente, por las puntas del cilindro. El suelo, la tierra, su inadecuado destino.
La disposición ideal de estos elementos, alejada de riesgos e impactos negativos a la salud y el ambiente, se convirtió en un problema, tanto para los productores, como para las personas que los usan.
Las pilas o baterías son para Cristina Barrera un elemento tan necesario, que hasta lo considera parte de la canasta familiar.
Esta ciudadana, diseñadora industrial y habitante del barrio Belén de Medellín,...