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La maldición del oro que deja muertes, masacres y desplazamientos en Antioquia

La caída de la venta de cocaína y la rentabilidad del oro hicieron que este mineral se volviera combustible de guerra.

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07 de diciembre de 2023
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Las seis personas asesinadas en dos masacres en Santa Fe de Antioquia el pasado domingo dejaron en evidencia que el nuevo combustible de la guerra pasa por tener el control de la explotación y distribución del oro, un mineral que muchas veces se extrae ilegalmente, pero que se blanquea con facilidad: a nadie meten a la cárcel por llevarlo en el bolsillo.

La disputa por este mineral ha dejado matanzas a gran escala, como la de Ciudad Madre, o casos segmentados como los de finales de noviembre en Barbosa, o los ocurridos recurrentemente en el Bajo Cauca y el Nordeste antioqueños, principalmente a manos del Clan del Golfo, las disidencias de las Farc o el Eln.

Un experto en temas de seguridad y explotación del oro consultado por EL COLOMBIANO señaló que “el reto más grande de un grupo armado ilegal es maximizar las rentas ilícitas, es volver dinero en efectivo el producto de su actividad ilícita”, y por este motivo el oro es tan apetecido.

La caída de la cocaína

Históricamente el eje de las rentas criminales ha sido la producción y distribución de la cocaína en el mercado ilegal, debido a las rentabilidades que dejaba, tanto en el mercado local como en el internacional.

Pero factores como la sobreproducción de este estupefaciente, sumado a otros que han saturado el mercado, como es el caso del fentanilo, han llevado a que producir cocaína deje de ser rentable para las bandas y buscar otras formas de financiación.

Las autoridades internacionales señalaron que para 2022 el kilo de cocaína se estaba vendiendo en 35.000 euros ($151 millones) en Europa, mientras que para este año el valor está por debajo de los 25.000 euros ($108 millones) y con tendencia a seguirse vendiendo más barata.

Y si ese es el panorama en el mercado internacional, en el local algunos productores han tenido que buscar la manera de intercambiar las hojas de coca o la pasta para poder alimentarse, corriendo el riesgo de que ni siquiera esta droga sirva como moneda de cambio en las zonas productoras, como sucede en el Bajo Cauca antioqueño o en el sur de Colombia, para mencionar algunas zonas.

En el mercado local, hasta mediados de este año, la pasta de coca había caído de $2.200.000 a $1.600.000 en Nariño, Cauca, Putumayo y Catatumbo, mientras que en Antioquia, Córdoba y Bolívar está entre $2.200.000 y $2.500.000.

La prelación del oro

Contado lo anterior, todas las estructuras delincuenciales pusieron sus ojos en las zonas con abundancia aurífera con mayor intensidad, en busca de recuperar parte de la plata perdida por lo sucedido con la cocaína, con el limitante de que el oro se halla en zonas muy específicas y no se produce, como sí ocurre con la coca.

Y esto habría llevado a que, hablando del caso de Santa Fe de Antioquia, dentro del Clan del Golfo se presentaran división entre dos de sus subestructuras. Esto causó que seis integrantes de esta organización buscaran adueñarse del mineral que extraen de los socavones, de forma ilegal, los integrantes del frente Edwin Román Velásquez Valle, del territorio que está adjudicado para su explotación a la Zijin Continental Gold.

Entérese: Víctimas de masacre en Santa Fe de Antioquia llevaban oro ilegal hacia la Costa

Los seis fallecidos en esta doble masacre estarían implicados en el hurto de $2.000 millones en oro a una mujer en Buriticá, el pasado sábado, y de inmediato escaparon hacia la finca que habían alquilado en Santa Fe de Antioquia, sin conocer el poder que tenía esta subestructura en el territorio, por lo que horas más tarde fueron raptados por hombres de alias Rayo.

Los primeros en ser encontrados, a las 10:20 a.m. del domingo, en el corregimiento Laureles, a una hora y 50 minutos del parque de la Ciudad Madre, fueron Justo Aquiles Gamboa Gómez, de 40 años; Yorvadys Solórzano Bustamante, de 49; y Andy Baldovino Rojas, de 32.

Los otros tres hallazgos se produjeron a las 2:18 p.m. del mismo día, en la vereda Moraditas, a tres horas de la centralidad y las víctimas fueron Lucelis Yohan Correa Galvis, de 37 años; Luis Francisco Matos Cuello, de 32; y el venezolano Gionavys José Suárez Linares.

El comandante de la Policía Antioquia, coronel Carlos Andrés Martínez, explicó que “Buriticá es el motor criminal del Clan del Golfo en el tema de minería y esto genera grandes ganancias criminales, muy importantes para la organización, por lo que esto generó una división interna entre esta estructura y ocurrieron estos casos en la zona rural”.

Ante esta afirmación del oficial, si bien Buriticá es el corazón de la extracción del oro en el Occidente antioqueño y Santa Fe de Antioquia el eje económico, algunos expertos señalan que el verdadero eje criminal de esta subregión es Uramita, puesto que de allí se inicia la articulación para enlazar con otras subregiones.

“Uramita es el eje porque queda cerca de Buriticá (a una hora y 40 minutos), es el acceso a Peque, que está en el Nudo del Paramillo y, a partir de allí, se une con Ituango y con el Bajo Cauca y hasta el Nordeste, por lo que desde ahí se articula todo el circuito criminal”, explicó el experto.

La economía criminal

Actualmente, en zonas como Buriticá, Segovia, Remedios, Zaragoza, El Bagre y Nechí hay una articulación criminal liderada por la estructura que tenga el control territorial de los socavones o los dragones, según su modalidad de extracción y, a partir de ello, hay una economía circular, en su gran proceso ilegal.

“El oro no genera persecución penal internacional, aunque sí es un factor de economía circular criminal, en el que está el financiador, el que vende los explosivos, el que los comercializa, el que vende droga para el minero, el que le paga al minero, la maquinaria ilegal y todo va dentro del mismo sistema criminal”, explicó el coronel Martínez.

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Para el caso de Buriticá, la extracción del oro, interviniendo los túneles de la Zijin Continental Gold, genera guerras entre los mineros ilegales, muchos de ellos articulados con el Clan del Golfo, y las autoridades que resguardan a la multinacional que tiene el título minero, por lo que también hay aprovisionamiento de armamento y municiones.

Pero luego de todas estas disputas, cuando el minero ilegal logra la extracción del mineral, ya estos pueden movilizarse libremente, sin que ninguna autoridad los pueda judicializar.

“Para usted vender clorhidrato de cocaína, usted tiene que asumir una cantidad de riesgos, mientras que si se saca el oro de una de las bocaminas ya está, eso es plata en efectivo, con la ventaja de que el oro, a diferencia de otras cosas, gana valor con el paso del tiempo”, manifestó el experto en seguridad.

Cuando se presentan en las fundiciones con la cantidad de oro, se los compran a un precio similar al valor internacional, que para ayer estaba a $260.839,05 el gramo (65,16 dólares), por lo que el dinero que reciben se cuenta en millones.

Y a la hora de transportarlo tampoco es que haya mayores inconvenientes, a menos que lo transporte en altas cantidades y en lingotes, por lo que los criminales buscan alternativas para poderlo transportar, así sea en pequeñas cantidades.

“Si una persona presenta los respectivos documentos que certifiquen la legalidad del oro, este puede pasar derecho, pero en muchos casos se aprovechan de personas que trabajan en la extracción para poder inscribirlos y así facilitar el movimiento. Incluso, se ha encontrado que usan los permisos de personas muertas para hacerlo”, señaló una fuente de la Policía sobre el actuar de las bandas criminales para sacarle el mayor provecho al oro extraído.

¿Cómo se mueve?

Enfocados fundamentalmente en el Occidente antioqueño, luego de sacar el oro en Buriticá, muchas veces este es transportado hacia Santa Fe de Antioquia, en un recorrido de 34,6 kilómetros que se hace en menos de una hora y que generalmente se hace en cualquier moto.

Ya en Santa Fe de Antioquia lo dejan en una fundidora o aprovechan la vía del Túnel de Occidente para sacarlo del territorio, llegando a Medellín y de ahí se inicia su distribución.

A partir de ahí, cuando lo convierten en alhajas, pueden cruzar aeropuertos para transportar este mineral, sin que ninguna autoridad pueda restringirlo, lo que no sucede, por ejemplo, con la cocaína, para lo cual hay policías y equipos especializados que saben quiénes la pretenden transportar.

“Hay muchos vacíos legales en este tema que son aprovechados por estas personas para mover estos minerales y así poder obtener las mejores ganancias, porque realmente el oro no es ilegal”, reiteró el investigador policial.

Sin embargo, las organizaciones criminales siguen buscando nuevas modalidades que les dé tanta rentabilidad como la que les dio la cocaína en el pasado. Y, ahora, lo hace el oro, aunque de manera muy limitada por los territorios donde se explota. Mientras tanto, la disputa por el mineral está servida.

25.000
euros o menos es el precio actual del kilo de cocaína en Europa. Estuvo en 35.000 euros.
260.839
pesos es el precio, por gramo, en el que se vende el oro, según el mercado internacional.
Infográfico
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