Pico y Placa Medellín
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Residentes y visitantes de este centro turístico del Oriente antioqueño denuncian color desagradable del líquido. Autoridades generan soluciones.
Entre 40 y 50 botellones de agua pura de 50 litros vende Marta Ruiz en un día normal en su mercado, en San Antonio de Pereira, ese barrio de Rionegro que cada fin de semana se llena de turistas, en su mayoría del Valle de Aburrá, que suben a disfrutar del clima, de las fincas de recreo o a comer los famosos postres.
Este mercado es uno de los muchos donde desfilan compradores también de bolsas de agua de 10 y más litros. Durante un fin de semana se aumenta 20 botellones más de lo rutinario en un solo mercado.
¿A qué se debe la venta de esa cantidad de agua?
Según relató Emilio Ramírez, residente desde hace seis años en la población, el agua del acueducto no es de muy buena calidad y en muchos hogares no se usa para la preparación de los alimentos “sino para lavar o regar las plantas... es turbia y a veces con algo de olor. Por eso, toca comprar y mantenerse surtido”, indicó.
Pero las percepciones sobre la calidad del agua no se limitan a San Antonio sino a Rionegro en general.
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