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Disminuir las expectativas y comprometerse con sus intereses son algunos de los comportamientos que podrían ayudarle a trabajar
para tener buena vida.
La felicidad es distinta para cada persona. “Nadie encontrará el bienestar en el mismo lugar del otro”, asegura Ricardo Andrade, psicólogo de la Universidad de Antioquia dedicado a estudiar los sujetos posmodernos. Aunque parezca una afirmación obvia, va en contraposición con el discurso de la superación personal, en el que se pretende uniformar el concepto de felicidad.
Los griegos hablaban de la eudaimonía, una especie de felicidad o realización absoluta, pero debido a cambios sociales y políticos en la edad helénica, se interesaron más por la ataraxia, es decir, por el no sufrimiento. Ellos ya sabían que trabajar por la felicidad no es lo mismo que hacerlo por la buena vida.
La preocupación por lo que ahora se llama y se mide como bienestar subjetivo (satisfacción con la vida) es bastante antigua y evidencia que el hombre siempre ha buscado la realización o ha deseado encontrarse en un estado total de goce. Esto, según Andrade, “es psicológicamente imposible si lo pensamos como un estado...