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Santos ya es “funcionario de toda la Humanidad”

El premio le da una categoría universal al colombiano, que ahora tendrá un compromiso moral mayor.

  • Juan Manuel Santos, en Oslo, Noruega, firma un protocolo por el reconocimiento como Premio Nobel de la Paz. El compromiso que ahora adquiere es global, según dicen los expertos. FOTO afp
    Juan Manuel Santos, en Oslo, Noruega, firma un protocolo por el reconocimiento como Premio Nobel de la Paz. El compromiso que ahora adquiere es global, según dicen los expertos. FOTO afp
11 de diciembre de 2016
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Las ovaciones para quienes han recibido el Premio Nobel de Paz son proporcionales al peso con el que quedan en la historia. Desde ayer, Juan Manuel Santos dejó de ser solo un reelecto presidente de Colombia y artífice de un enrevesado proceso de paz con las Farc. Santos ahora es “funcionario de la Humanidad”.

Así lo describe Vicenç Fisas, exdirector de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, el hombre que conoce el abecé de los procesos de paz del mundo y el mismo que asesoró a Colombia en la fase exploratoria de los diálogos.

Ser galardonado con el Nobel, dice él, supone aceptar un compromiso de por vida para colaborar en la construcción de paz en cualquier lugar del planeta, y, por supuesto, dejar a un lado la opción partidista, aunque se sea un gobernante en funciones.

Ahora Santos se une al importante grupo de premiados que, de forma conjunta, colaboran para abrir espacios de diálogo en otras partes del mundo. “Tener un Nobel de Paz trasciende a la propia persona y a tu país de pertenencia. Se adquieren una dimensión y una proyección universales, que hay que aprovechar”, concluye Fisas.

El reconocimiento ya le sirvió a Colombia para superar un poco la sensación de desencanto y perplejidad después del plebiscito del 2 de octubre. No obstante, lo que viene deberá ser aún más fructífero para el país.

Dar mayor seguridad a personas o instituciones vulnerables, involucradas en el proceso de paz, será uno de los impactos, pero además, Santos deberá poner todo su caudal político para lograr la correcta implementación de los acuerdos, haciendo énfasis en el combate de la criminalidad organizada, que tiene un enorme potencial desestabilizador, opina Fisas.

Nobeles latinoamericanos

El segundo en recibir un Premio Nobel de Paz en América Latina fue Adolfo Pérez Esquivel. En 1980, cuando las dictaduras condujeron a una crisis de derechos humanos en la región, el argentino defendió la lucha pacífica por la justicia y la libertad. Ahora, cuando el galardón le corresponde a Colombia, el líder manifestó a agencias internacionales que “la paz no se regala, se construye”, de manera que, para él, el premio a Santos contribuye a fortalecer lo que viene trabajando, e invitó “a seguir construyendo para el fin de la violencia, de violaciones”.

Óscar Arias, costarricense galardonado en 1987, le dijo a EL COLOMBIANO que el premio a Santos era un mensaje a la comunidad internacional, un mensaje al pueblo colombiano, a los negociadores de La Habana, de que lo que han venido haciendo en los últimos cuatro años es el camino correcto, y que deben perseverar en ese esfuerzo hasta alcanzar la paz.

Incluso, el expresidente de Costa Rica, que puso los cimientos de una paz para Centroamérica, prevé que el Nobel, y la reconciliación que le viene al país, llevarán a más inversión nacional y extranjera, turismo, mayor producción y mayor generación de riqueza.

No obstante, Arias le recomienda a Santos que aplique instrumentos para distribuir esa riqueza, “porque solo hay desarrollo cuando hay paz con justicia social”.

Por su parte, la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, Premio Nobel de Paz en 1992, le dijo a agencias que Santos tiene ahora una oportunidad única para el fin definitivo del conflicto armado en Colombia.

“El premio Nobel de la Paz es una tarima que representa un largo proceso de construcción, de diálogos, de negociaciones, de consensos nacionales y de aceptación de la diversidad”, y debe ser además una “plataforma de inclusión” de los pueblos indígenas, quitando “los miedos y las fobias” que ha dejado la guerra.

Según Menchú, en este proceso, Santos tiene el deber de empezar a levantar, “con toda lucidez”, mecanismos que permitan suscribir los acuerdos e implementarlos, pasos que comienzan a darse.

Esta es una de las “dos misiones importantes” que el presidente colombiano tiene por delante, junto con “hacer una agenda” para acompañar y “ser un referente” en el proceso de paz durante los próximos años, pues por delante hay “grandes desafíos”.

6
latinoamericanos han sido galardonados con el Premio Nobel de la Paz.
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