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Una elevada cuenta de cobro

Frente a la coyuntura internacional, con petróleo por encima de 100 dólares el barril, el país está en mora de definir una política de precios de los combustibles.

hace 1 hora
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  • Una elevada cuenta de cobro

Mientras en muchos países el aumento en el precio de los combustibles ha provocado protestas y parálisis de vías, en Colombia el gobierno decidió mantener congelados, por ahora, los precios de la gasolina y el diésel o ACPM.

Los ministerios de Hacienda y de Minas y Energía anunciaron hace pocos días un aumento de 46 pesos para el galón de gasolina en octubre, con lo que quedaría alrededor de 16.000 pesos, en promedio, en las principales ciudades del país. Sin embargo, dichas carteras reversaron el alza tras la decisión del presidente Abelardo de la Espriella. El mandatario explicó que pidió echar para atrás dicho incremento mientras se buscan soluciones permanentes para afrontar las alzas en las cotizaciones internacionales del petróleo y su impacto en el precio de la gasolina, con el fin de proteger a los consumidores colombianos.

La medida causó sorpresa en medio de un escenario de elevados precios del petróleo a nivel internacional y de los agudos problemas fiscales del país, en momentos en que se busca ahorrar recursos a como dé lugar. El alza en el precio de la gasolina que proponían los ministerios de Hacienda y Minas era 0,29%, ínfima si se tiene en cuenta lo que pasa en otros países en los que los aumentos entre el 30% y 40% en el valor de los combustibles en los últimos meses ha ocasionado protestas de la población. En Estados Unidos, por ejemplo, el precio del diésel llegó a niveles récord de 6,5 dólares el galón, alrededor de 21.000 pesos, mientras que aquí se mantienen en 11.320, en promedio.

El precio del crudo en los mercados internacionales se ha incrementado debido a tensiones geopolíticas relacionadas con el conflicto entre Rusia y Ucrania, los ataques de Estados Unidos contra Irán y las interrupciones en el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el transporte de petróleo y gas. Esto ha llevado a que el barril de petróleo supere los 100 dólares.

El centro de pensamiento económico ANIF reveló que mientras el precio minorista del diésel en el país del norte subió cerca de 67% entre enero y septiembre de este año, el precio del galón en Colombia apenas se incrementó en 3% en el mismo periodo, lo que llevó a que la diferencia supere los 8.000 pesos.

Estos datos son importantes teniendo en cuenta que el país subsidia el precio de los combustibles y que, a mayor diferencia frente a los precios internacionales, mayor es la factura que tiene que pagar. Para evitar un alza que tenga un fuerte impacto en los consumidores desde el 2007 opera el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), que ayuda a amortiguar estos incrementos, pero a un costo muy alto. Se estima que, si siguen los subsidios a la gasolina y el diésel, dicho fondo acumulará un déficit cercano a los 10 billones de pesos este año, que debe ser cubierto con recursos del presupuesto nacional.

Y plata no hay. El gobierno está haciendo maromas para tratar de tapar la tronera que le dejó en las finanzas el gobierno de Gustavo Petro y conseguir recursos para el pago de los gastos del Estado. Para el año entrante el descuadre en las finanzas públicas rondará los 180 billones de pesos, el 9,4% del PIB, el más grande desde que se llevan cuentas en el país.

Por eso el gobierno no se puede dar el lujo de seguir subsidiando al precio de la gasolina, y particularmente del diésel que es el que menos se ha incrementado en los últimos años por el temor de que el sector transportador proteste y paralice las vías del país, como lo ha hecho en otras ocasiones. El diésel o ACPM es un combustible fósil líquido que se utiliza en el transporte de carga, en el transporte público, en los sectores agrícola, construcción, minería y generación térmica, entre otros. Un incremento sustancial podría incidir en el aumento en los costos del transporte de carga y de pasajeros, impactando la inflación, que se niega a bajar del 6%.

Petro decidió disminuir estos subsidios, incrementando el precio del galón de gasolina en cerca del 80% - pasó de un promedio de 9.300 pesos a más de 16.000-. Sin embargo, no aumentó en igual proporción el precio del diésel, que está cerca de 5.000 pesos por debajo del de la gasolina. Se estima que por cada 1.000 pesos de subsidio al diésel el impacto en las finanzas es de 1,9 billones.

Esta es una encrucijada que el gobierno tiene que resolver. No puede seguir subsidiando el valor de los combustibles porque la cuenta de cobro para las finanzas públicas es muy elevada, pero tampoco puede hacer incrementos sustanciales sin mirar los impactos en la inflación.

Hay quienes dicen que el país está en mora de revisar la fórmula que permite fijar el precio de los combustibles en el país. Con la coyuntura internacional tan compleja es momento de tomar decisiones en este tema y evitar bandazos.

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