Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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El optimismo y la alta valoración que tienen sus habitantes de la ciudad no puede hacer olvidar realidades que requieren soluciones inaplazables. No hay que estancarse en la autocomplacencia.
En términos generales, vivimos en una ciudad donde sus habitantes se sienten cómodos, donde miran el futuro con optimismo y en la cual consideran tener satisfechas sus necesidades y expectativas. Ha sido tradición que las mediciones de bienestar y conformidad con su realidad y el funcionamiento de las instituciones marquen muy por encima del promedio de las otras ciudades del país.
Puede y debe buscarse una explicación a esto. Se puede partir del aserto de que es que todo funciona bien y quedarse ahí. Sería la postura a la que se inclinarían los políticos y los gobernantes, que evitan así a una ciudadanía crítica y exigente. Otra opción es preguntarse si hay un sentimiento consolidado, inamovible, de autosatisfacción ciudadana, de la mano de un exacerbado orgullo regional, que no da mayores alcances a la autocrítica y a la posibilidad de hacer reparos al comportamiento cívico de nuestros habitantes.
En todo caso, es mucho mejor que el pulso ciudadano sea de positivismo y confianza, que de...