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El discurso del candidato republicano se centró en hablar de un EE.UU. deprimido e inseguro. Los inmigrantes y el terrorismo, escogidos por el magnate como lápices que trazan un país sombrío.
El tono de Donald Trump en su discurso a la convención del Partido Republicano, para tomar la recta final a las elecciones presidenciales de Estados Unidos, tuvo la intención de ofrecer un panorama desolador del estado de la nación, para, a partir del miedo, del temor, de la desconfianza y de una visión bastante apocalíptica, poner las emociones de los potenciales votantes del lado de un aspirante que promete que personificará “la ley y el orden”.
En su alocución, Trump primero abonó el campo con las semillas que él considera más peligrosas: los inmigrantes con antecedentes penales que vagan libres por las calles, el crimen y la violencia, el caos en las comunidades y el extendido terrorismo del Estado Islámico. Esos males también los asoció calculadamente con su oponente Hillary Clinton, que tildó de marioneta del empresariado y los medios de su país.
No dudó en dirigir sus baterías contra la candidata demócrata: “América es mucho menos segura -y el mundo mucho menos estable- desde que (Barack)...