Pico y Placa Medellín
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Quizás, por encima de todo, inolvidable por su soledad. Jamás habíamos visto a un presidente tan solo en el poder, tan desconectado del país, tan enfrascado en su propio monólogo. Un llanero solitario, pero sin épica.
Dijo el presidente Gustavo Petro en una de sus ya habituales peroratas —porque no hay otra palabra para describir esos discursos deshilachados que lanza cuando parece extraviado en sus propias ideas— que “nadie se olvidará” de él.
La frase completa fue: “A ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama. Hago cosas muy buenas y pienso... Nadie se olvidará de mí, porque seré inolvidable ahí”.
Y tiene razón. Nadie lo olvidará, aunque no necesariamente por sus proezas de alcoba, que dicho sea de paso, no revisten interés alguno. Gustavo Petro será inolvidable para Colombia, sí, pero por razones mucho más terrenales y preocupantes.
Inolvidable por destruir el sistema de salud, ese que más del 85% de los colombianos calificaba como bueno o muy bueno, según la Encuesta de Calidad de Vida del DANE. Con su teoría del “chuchuchú” y una reforma sin pies ni cabeza, ha hecho que la gente, los más vulnerables, tengan que hacer fila desde las 2 de la mañana para reclamar medicamentos. Hoy hay hospitales saturados, centros médicos cerrados, trabajadores sin salario y, lo más doloroso, 2.436 personas con enfermedades huérfanas han muerto porque dejaron de recibir tratamiento. Inolvidable.
Inolvidable por el irrespeto. Nunca antes habíamos tenido un presidente que en su primer año de gobierno incumplió su agenda al menos 82 veces en citas y eventos programados en la Presidencia o con otros líderes. Algún medio contabilizó que estuvo 100 días fuera de servicio.
El presidente de Colombia dejó vestidos para la foto desde públicos masivos –como los familiares de la fuerza pública o cerca de mil alcaldes-, hasta dignatarios de otros países y gente del común en Chocó, por ejemplo. Inolvidable.
Después, en los años siguientes, no se escondió tras el aviso de “agenda privada” sino que decidió asistir a los eventos sin importar el estado en el que se encontrara. Y de esa manera no solo nos ha dado unos discursos memorables por lo delirantes, sino que, como lo denunció su excanciller, Álvaro Leyva, ha dado indescriptibles espectáculos de los cuales han sido testigos policías de países como Francia. Inolvidable.
Inolvidable también por el “tarimazo” de Medellín, donde subió a jefes de bandas criminales a compartir tarima presidencial. A ningún otro presidente en la historia de Colombia, ni tampoco de país que se recuerde, se le había ocurrido montar en la misma tarima con él, y darles la mano, a capos de la mafia.
Desde entonces, según la Fundación Ideas para la Paz, los grupos armados ilegales han crecido un 23,5%. El Clan del Golfo, las disidencias y el ELN sumaron 5.000 hombres más. Hoy hay al menos 13 regiones del país bajo disputa armada. Foto imborrable. Inolvidable.
Inolvidable por su vanidad inagotable. Sin duda una característica de muchos presidentes es su ego desbordado, pero no era fácil imaginar que un mandatario que se autodenomina “de izquierda” optara por aprovechar el poder para hacerse cirugías estéticas, tratamientos para recuperar su melena, y sesiones de fotos con un jaguar de mentiras y gafas oscuras. Pero Petro lo hace. Y, como si fuera poco, asegura que su cita esta semana con el presidente Donald Trump “es una reunión clave, fundamental, determinante... de la vida de la humanidad”.
Inolvidable también por la corrupción que tiene en coma a su gobierno. Desde saqueos tan crueles como usar la plata que debía destinarse a llevar agua a los niños en La Guajira –que prefirió dársela a congresistas para comprar sus votos– hasta como él mismo lo reconoció en su discurso del martes, “se tiró un año” del sistema de salud por poner politiqueros al frente de las EPS que intervino su gobierno. Inolvidable.
Inolvidable porque es el único Presidente que reconoce que funcionarios suyos tienen comportamientos equivocados, pero los mantiene. Llámese Armando Benedetti, llámese Laura Sarabia, flamante embajadora ante el Reino Unido.
Inolvidable por su desprecio por las mujeres. EL COLOMBIANO hizo un recuento de directivos, asesores, contratistas o congresistas del equipo del Presidente y la cifra de 11 denunciados por acoso sexual o violencia intrafamiliar es realmente estremecedora. Además, las continuas referencias en sus discursos a que las mujeres están en el mundo para atender a los hombres, lo muestran como el más cavernícola de los mandatarios que se recuerden en el país.
Inolvidable también por el despelote en el manejo de la plata de todos los colombianos. Petro ha tenido a su disposición los mayores presupuestos de la historia del país –por ejemplo, Duque tuvo $391 billones en 2022 y apenas tres años después Petro tuvo $511 billones– y no solo no le alcanza, ha tenido que cerrar programas educativos importantes, ha dejado el programa de vacunación sin fondos y no se ha visto ningún proyecto de envergadura o que impacte al país. Pero sí abundan nombramientos políticos y burocracia sin control. Inolvidable.
Inolvidable también por frases como: “Lo ilícito se acaba quitando la letra ‘i’”, “Los jóvenes roban celulares por amor” o “Ningún negro me va decir qué es lo que tengo que hacer”.
Pero quizás, por encima de todo, inolvidable por su soledad. Porque jamás habíamos visto a un presidente tan solo en el poder, tan desconectado del país, tan enfrascado en su propio monólogo. Un llanero solitario, pero sin épica.
Sí, presidente. Puede estar tranquilo. Colombia no lo olvidará.