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¿Qué esperar del nuevo timonel de las finanzas?

Debe pararse sobre la raya en el consejo de ministros, y ante el presidente Petro, a la hora de frenarle decisiones irresponsables con las que nuevamente viene amenazando.

10 de diciembre de 2024
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  • ¿Qué esperar del nuevo timonel de las finanzas?

Ricardo Bonilla, antes de salir del Ministerio de Hacienda, hizo un balance de su gestión y destacó como uno de sus grandes logros el control de la inflación que cayó de 13,3% en marzo de 2023 a 5,4% en noviembre de 2024.

Y en efecto, es un logro que merece el aplauso porque muestra un manejo responsable de las finanzas públicas. Si bien, el Banco de la República tiene también mucho que ver con este indicador, hay que decir que el Gobierno de Gustavo Petro fue respetuoso de las decisiones del emisor y, sobre todo, no ha lanzado al país en aventuras irresponsables como la de imprimir billetes.

Sin embargo, el ministro Bonilla sí le quedó debiendo al país en tres frentes: primero, porque hizo cuentas alegres con los ingresos de la Nación, lo cual nos dejó con un presupuesto desajustado. Dos, porque permitió un Estado gastón: entre 2023 y 2025 aumentó la burocracia y el funcionamiento casi 20% cada año. Y tres, porque para cubrir el boquete del presupuesto y para poder pagarles a más corbatas aumentó la deuda pública en 173 billones de pesos, una verdadera exageración: de 760 billones de pesos a 933 billones de pesos.

Por todo eso, cuando a Bonilla lo terminó tumbando el escándalo de corrupción por la supuesta compra del voto de los congresistas de la Comisión de Crédito Público vía contratos de la UNGRD, los mercados prendieron las alertas sobre quién sería el nuevo timonel de las finanzas públicas. Y el presidente Petro, para evitar incertidumbre, el mismo día que le pidió la renuncia a Bonilla, designó en su reemplazo al viceministro de esa cartera, Diego Guevara.

Hay grandes expectativas sobre el desempeño de Guevara. En general su nombre cayó bien en sectores de economistas expertos y los mercados, por el momento, parecen darle un margen de espera. El jueves, la cotización del dólar y el mercado de acciones se mantuvieron estables. Pero el gran interrogante es si, al ser más heterodoxo que ortodoxo, al ser partidario de que el Banco de la República emita dinero para financiar gasto público, pueda terminar aplicando medidas como esa.

En las redes sociales le recordaron un trino que publicó cuando era profesor de la Universidad Nacional en el que cuestionaba la independencia del emisor al señalar que hay bancos centrales muy independientes del gobierno, pero con poca distancia del sistema financiero.

El tiempo y las decisiones del funcionario se encargarán de decir si fue una buena elección o no. Guevara, un ingeniero mecatrónico, con doctorado en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, es el ministro de Hacienda más joven en ocupar este cargo, por lo menos en las últimas décadas. Ha sido profesor de varias universidades y tiene muy poca trayectoria en el sector público donde llegó como viceministro de Hacienda, cuando José Antonio Ocampo era el ministro.

Guevara se convierte en el tercer ministro de Hacienda en 30 meses de este Gobierno. El primero fue Ocampo que, lleno de pergaminos y reconocimientos, salió en el primer remezón ministerial de Petro. El presidente se endureció y decidió que iba a trabajar con los suyos, los cercanos a su ideología, y designó a Bonilla, su secretario de Hacienda cuando fue alcalde de Bogotá.

Bonilla sirvió de apagafuegos como cuando el presidente amenazó con un default, o cesación de pagos, si los parlamentarios no aprobaban el cupo de endeudamiento. El ministro, para tranquilizar a los mercados, rectificó este anuncio y dijo que Colombia honraría sus compromisos internacionales.

Un ministro de Hacienda serio, ortodoxo, es sinónimo de credibilidad y garantía de que no se tomarán medidas irresponsables, incluso en un gobierno populista.

Guevara llega en momentos en que hay una gran tensión entre Gobierno y Congreso, no solo por las denuncias sobre compra de votos, sino por el ambiente en contra de la reforma tributaria, que está tambaleando.

Además, debe pararse sobre la raya en el consejo de ministros, y ante el presidente Petro, a la hora de frenarle decisiones irresponsables con las que nuevamente viene amenazando. En un larguísimo y enredado trino, cuya segunda parte tiene 30 párrafos, el mandatario dijo que “usará la Constitución si el Congreso se deja llevar de quienes extorsionan y buscan el golpe institucional”. Aunque no lo mencionó, una alternativa, es recurrir nuevamente a una emergencia económica, que no tendría asidero y que se podría caer otra vez en la Corte Constitucional porque no hay un hecho sobreviniente.

Por eso, la posición del nuevo ministro es clave. Deberá convencer al presidente de que si no se aprueba la reforma tributaria el país no va a una debacle y que lo que hay que hacer es recortar en 12 billones el presupuesto del 2025, que igual que el de este año, está sobredimensionado en gastos e ingresos. Como dijo el exministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, “hay que recortar gastos a lo Milei”, en referencia al fuerte recorte al gasto público que ha aplicado el mandatario argentino.

La tarea que le espera al nuevo ministro es monumental. Esperemos a ver cómo responde al reto.

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