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¿Por qué importa la pelea de Trump con la Reserva Federal?

Está en juego un principio: que las decisiones monetarias se tomen con base en datos técnicos, y no en conveniencias políticas de corto plazo. Aunque ocurra en Washington, interpela a Colombia.

hace 6 horas
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  • ¿Por qué importa la pelea de Trump con la Reserva Federal?

El aleteo de una mariposa en Brasil puede —según la célebre metáfora del meteorólogo Edward Lorenz— desencadenar un tornado en Texas. La frase, que dio origen al llamado “efecto mariposa”, ilustra cómo, en sistemas complejos, pequeñas decisiones pueden producir consecuencias de gran alcance.

En la economía global ocurre algo similar: una determinación adoptada en Washington puede sentirse, meses después, en el precio del dólar en Medellín, en la cuota de un crédito hipotecario en Bogotá o en el costo de la deuda pública colombiana.

La frase viene a lugar para explicar por qué a los colombianos los puede afectar lo que está pasando con la Reserva Federal de Estados Unidos (FED). En un mundo interconectado, donde el dólar es la moneda de referencia y los capitales se mueven con rapidez, cualquier giro en la política monetaria de ese país altera el equilibrio de los mercados emergentes.

Es decir, la pelea que se está produciendo entre el presidente Donald Trump y el jefe de la FED, Jerome Powell, así como el posible reemplazo de este último por Kevin Warsh no se debe leer como un episodio de la política norteamericana: es un hecho con implicaciones concretas en la estabilidad financiera, el crecimiento y el margen de maniobra de países como Colombia.

Cuando la FED sube o baja las tasas de interés, el impacto se siente en el precio del dólar, en el costo de los créditos, en la facilidad con la que el Gobierno y las empresas consiguen financiamiento externo y en la disposición de los inversionistas a traer o sacar capital de países como Colombia. Incluso el Banco de la República tiene en cuenta en sus decisiones lo que haga la autoridad monetaria ese país.

En los últimos meses, la situación ha sido especialmente tensa. Trump, convencido de que unas tasas más bajas son la vía más rápida para acelerar la economía y afianzar su legado, no ha dudado en presionar públicamente a Powell, llegando a llamarlo “enemigo del pueblo”, por no bajar los intereses con mayor agresividad. Mientras Powell ha defendido decisiones basadas en criterios técnicos y en la necesidad de controlar la inflación. Por momentos pareciera que fuera un reflejo en el espejo de lo que ocurre en Colombia entre el presidente Gustavo Petro y la Junta del Banco de la República.

Powell fue objeto de una investigación federal por supuestas irregularidades en el manejo de la FED, un episodio que ha sido interpretado como un intento de la Casa Blanca por arrinconarlo. En el Congreso, voces de ambos partidos salieron en defensa de la independencia del banco central.

La discusión no es menor. La independencia de los bancos centrales —es decir, que no estén sometidos a presiones políticas— es uno de los pilares de la estabilidad financiera moderna. Cuando un gobierno intenta influir en las decisiones técnicas del banco central, se envía una señal de riesgo a los mercados. En Colombia, el país ha sido testigo de cómo la autonomía del Banco de la República ha sido clave para mantener la estabilidad macroeconómica en momentos difíciles.

En este contexto, Trump nominó como nuevo presidente de la FED a Kevin Warsh. No se trata de un improvisado. Warsh fue miembro de la Junta de la Reserva Federal entre 2006 y 2011 y tuvo un papel relevante durante la crisis financiera de 2008. Conoce el sistema financiero y cuenta con experiencia en momentos de alta turbulencia.

No obstante, su trayectoria genera debate. Si bien, durante su paso anterior por la FED defendía una postura más cautelosa y ortodoxa. Hoy su discurso parece distinto. Convencido de que la inteligencia artificial y la desregulación impulsarán una revolución de productividad, Warsh considera que la inflación ya no es una amenaza y que hay espacio para bajar las tasas. Este cambio de pensamiento, coincide con los deseos del presidente Trump y ha despertado interrogantes sobre qué tanto responde a una nueva lectura económica de su parte o a la necesidad de encajar en las expectativas del mandatario.

Ha propuesto combinar una reducción de tasas a corto plazo con una venta de bonos a largo plazo. En teoría, eso permitiría estimular el crecimiento sin perder el control sobre la inflación. Pero es una jugada delicada.

Los mercados, hasta ahora, han reaccionado como si apostaran por un escenario relativamente tranquilo. Warsh es una figura conocida, con experiencia y sin el aura de improvisación que rodea a otras figuras del entorno de Trump.

Más allá del nombre propio, lo que está en juego es un principio fundamental: que las decisiones monetarias se tomen con base en datos y criterios técnicos, y no en conveniencias políticas de corto plazo. Esa discusión, aunque ocurra en Washington, también interpela a Colombia. Porque la estabilidad económica —aquí y allá— depende, en buena medida, de que las instituciones resistan la tentación de la improvisación y el cálculo electoral. .

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