Queda claro que el Gobierno no sabe cómo va a gestionar los eventuales acuerdos de paz con las Farc, ni cómo va a someterlos a refrendación popular. Y esto ya debería estar definido.
Al galimatías en que han incurrido el presidente de la República y su ministro del Interior al hablar de “congresitos” o de células legislativas especiales para desarrollar los eventuales acuerdos de paz con las Farc, se le introdujo ayer un elemento nuevo, profundamente inquietante, que puede formalizar la paulatina variación de las promesas que el jefe de Estado ha hecho en repetidas ocasiones, según las cuales los colombianos seríamos quienes refrendaríamos en las urnas los acuerdos de paz firmados en La Habana.
Hay una confusión en el desarrollo de las propuestas lanzadas por el presidente en estos días, y es que hace que se crucen dos asuntos paralelos. Una cosa es la refrendación que los colombianos haríamos de los acuerdos, asunto que está contemplado en el punto 6 de la agenda establecida en el “Acuerdo general para la terminación del conflicto armado suscrito entre el Gobierno y las Farc” el 26 de agosto de 2012. Y otra cosa es la implementación de los acuerdos, posterior a esa...