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El ministro se rajó

Es difícil entender por qué Petro mantiene a Rojas como ministro. La historia lo juzgará por haber sacrificado a dos ministros de Educación, técnicos y valiosos, Alejandro Gaviria y Aurora Vergara.

27 de febrero de 2025
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  • El ministro se rajó

La sátira es un recurso al que recurren los artistas y escritores para criticar y ridiculizar aspectos de la sociedad o la política. Se ha usado a lo largo de la historia para reírse de los poderosos, sobre todo para burlar la censura o frente a regímenes autoritarios. La “Rebelión en la granja” de George Orwell es una mofa a la dictadura de Stalin, y Charlie Chaplin inventó “El gran dictador”, una de sus más famosas películas, para ridiculizar a Hitler.

Si bien en Colombia no vivimos en un régimen extremo como los mencionados, sí estamos padeciendo otro tipo de anomalía del Estado y es el grado de desorden e ineptitud de algunos miembros del gabinete del presidente Gustavo Petro que bien podrían dar pie a la sátira.

Pero lo curioso es que no se ha necesitado ningún artista mordaz para poner el dedo en la llaga sino que el propio ministro de Educación, Daniel Rojas, se encargó de escribir el guión. El Ministro se rajó en la sustentación de su tesis de maestría en la Universidad Nacional y la anécdota, si no fuera tan dolorosa, tratándose de quien dirige la educación de millones de colombianos, sería la escena más cómica: estamos hablando de que el mismo que funge como el presidente del Consejo Superior de la Universidad, la máxima autoridad del centro de educación superior más importante del país, no logró los mínimos requisitos para aprobar su tesis de maestría.

Rojas, en su defensa, alegó que no tuvo tiempo de hacer la monografía ni de preparar su presentación teniendo en cuenta sus múltiples ocupaciones como ministro de Educación. Y estamos completamente de acuerdo. Pero entonces la pregunta es: ¿A quién se le ocurre que puede hacer una maestría mientras se desempeña como ministro de Educación? Tal vez a una persona que no es consciente de su enorme responsabilidad.

El trabajo en cargos de dirección del Estado exige una concentración de 24 horas al día, 7 días a la semana, y quién asume ese privilegio que le otorga la sociedad debe estar cien por ciento dedicado a la tarea. Bastantes necesidades tiene la educación de los niños y jóvenes colombianos para que llegue a dirigirla un aprendiz de tiempo parcial.

Si el Ministro tenía dificultades de tiempo para elaborar su tesis, ¿por qué decidió seguir adelante y programar la sustentación? En las universidades suelen dar plazos generosos para entregar las monografías. ¿Acaso el ministro pensó que por ser el presidente del Consejo Superior iban a tener alguna consideración especial con él? Todo indica que no fue así. Y es justo destacar que tanto la universidad como el mismo Rojas no intentaron hacer maniobra alguna para darle luz verde.

En el fondo lo que queda es un aliento de que Rojas no parece entender o tomarse en serio el tamaño del compromiso que se echó a los hombros. En esa misma tónica que caracteriza a algunos miembros del gabinete (los ministros de Minas, Vélez y Camacho,por ejemplo) que con cierto aire de suficiencia, se sienten con más derechos propios que deberes con el país.

Recordemos que Daniel Rojas, además de la maestría, también sacó tiempo para participar en concursos de compositores vallenatos como el de San Juan del César. Ahí también el resultado le fue adverso: lo descalificaron por usar palabras con “doble sentido”, dijo uno de los jurados.

¿Qué hizo Colombia para que Petro haga con ella este experimento de poner un ministro sin experiencia, con múltiples ocupaciones y que ni siquiera sigue las reglas de un festival vallenato? Por no hablar de su experiencia en la llamada “primera línea” –este grupo de jóvenes que se dedicaron a acciones de vandalismo durante las protestas– o a su historial de agresiones en redes sociales, con frases de alto calibre, a todo tipo de personas que pensaban distinto a él. Dirá Petro, tal vez, que con este tipo de ministros, con cierto toque anárquico, piensa construir un “mejor” país. Pero ojalá alguien le diga al Presidente que si todos decidimos hacer lo que nos venga en gana, habría tal caos que no quedarían ni festivales vallenatos, ni maestrías ni país.

Si a eso le sumamos que al presidente Gustavo Petro le ha tocado llamarle la atención al ministro Rojas al menos tres veces porque no cumple compromisos de Gobierno su situación se agrava. La primera vez que Petro lo regañó fue en noviembre cuando el ministro no llegó a La Guajira, mientras en las redes publicaban fotografías suyas celebrando el cumpleaños en una discoteca; también se quejó molesto el presidente Petro por su ausencia en San Andrés, en un encuentro de Ciencia y Tecnología, “aquí debería estar el ministro”. Y más recientemente, en el consejo de ministros televisado, Rojas entró tarde, apurado, y el presidente lo reprendió, una y otra vez “casi nunca me acompaña en estas reuniones”.

Es difícil entender por qué el Presidente mantiene a Rojas como ministro. La historia juzgará a Petro por haber sacrificado a dos ministros de educación, técnicos y valiosos, Alejandro Gaviria y Aurora Vergara, comprometidos con el futuro del país, por apostar por un aprendiz que, según las evidencias, se ha tomado con ligereza la tarea que le encomendaron.

Curioso que el petrismo que se ha rasgado las vestiduras históricamente denunciando las flaquezas de nuestro sistema educativo, ahora cuando tiene la oportunidad de mejorarlo o transformarlo, lo haga de esta forma.

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