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El despelote de Palacio

La Casa de Nariño está agitada porque el segundo anillo que luchó toda su vida al lado de Petro ve con desazón que una recién aparecida está quedándose con el poder.

27 de junio de 2024
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  • El despelote de Palacio

La guerra de baja intensidad que se está viviendo en la Casa de Nariño por momentos se parece a alguna de aquellas series de época dedicada a las intrigas palaciegas (tipo Versalles o la más moderna House of Cards), de los mismos creadores en las que los enemigos acechan en la oscuridad o cargan frasquitos con veneno por si las moscas.

No sobra decir que en el caso de Colombia no hay muertos de por medio. Pero los colombianos vemos con algo de asombro como las más poderosas figuras del círculo cercano del presidente Gustavo Petro en los últimos días se han quejado públicamente porque se sienten agredidas desde el propio gobierno.

No es un invento de los medios, como ha querido hacer creer el presidente Gustavo Petro. Y la prueba es que las denuncias vienen, por un lado, de Verónica Alcocer, quien habló de “fuego amigo”, y por el otro de Laura Sarabia, quien se dolió diciendo: “Sé que soy un obstáculo que necesitan remover”.

No sobra decir que quienes se quejan y denuncian son las dos personas tal vez más poderosas del gobierno Petro: la primera, su esposa, que toma decisiones, al punto de haber elegido las cabezas de varias entidades del Estado; y la segunda, la mano derecha del mandatario, considerada por algunos como el verdadero poder en la Casa de Nariño.

Verónica Alcocer dijo tener evidencias de que gente del propio gobierno ha intentado involucrarla en el megaescándalo de la unidad de riesgos. Mientras que Sarabia se refiere a “las canalladas que circulan en cadenas de Whastsapp”, en las cuales se acusa a su hermano Andrés Sarabia de liderar una supuesta red de lobby que estaría acercando a empresarios con el Gobierno y señaló como sus autores a quienes están “tras bambalinas”.

¿Qué hay detrás? Una enorme grieta entre los dos grupos del corazón de Gustavo Petro. De un lado, las mencionadas Alcocer y Sarabia, que son las dos personas hoy más cercanas al Presidente y manejan buena parte del poder del Estado. Y del otro lado está un grupo más nutrido de quienes han acompañado toda la vida el proyecto político de Petro, a algunos de los cuales el Presidente puso al frente de agencias de inteligencia del Estado: Carlos Ramón González, en la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI); Augusto Rodríguez, en la Unidad Nacional de Protección (UNP); y René Guarín, en la Dirección de Tecnología de la Presidencia.

Estos tres han sido compañeros de Petro desde su trasegar en el M-19 y también después: Guarín acogió a Petro en su casa, en el barrio Pablo VI, cuando este salió de la cárcel; Rodríguez le ayudó en sus más famosos debates en el Congreso contra el paramilitarismo, y González supo lidiar la política, desde la dirección del partido Verde.

Saber cómo están compuestos cada uno de los bandos sirve para entender dos hechos muy reveladores de hasta dónde ha llegado este entramado palaciego.

En un primer hecho, la Presidencia de la República decidió abrir una investigación a la Dirección de Tecnología de la misma Casa de Nariño. No fue ni la Procuraduría ni la Fiscalía: ¡la propia Presidencia se investiga a sí misma! En otras palabras, Laura Sarabia, directora del Dapre, le abre investigación a René Guarín, director de Tecnología.

La directora del Dapre justificó la investigación argumentando las denuncias de chuzadas a un magistrado. Y eso es cierto. Pero no deja de llamar la atención que el episodio le sirve también a Sarabia para mostrar los dientes a sus enemigos internos y por qué no le da el chance de tener acceso a la información de esa oficina.

El segundo hecho tiene que ver con que tanto Alcocer como Sarabia hicieron cambios a su esquema de seguridad que hace parte de la Unidad Nacional de Protección (UNP). No es menor que quieran poner a un lado los escoltas que les había asignado Augusto Rodríguez, de la UNP, y ahora quieran ser protegidas y acompañadas por escoltas de policía coordinados por el coronel Carlos Feria, el mismo que ayudó a Laura Sarabia y puso el pecho en el escándalo de su niñera.

Los hechos hablan por sí mismos. La dupla Sarabia-Alcocer no solo denuncia el “fuego amigo”, si no que hace dos movidas que ratificaría la desconfianza que les produce el otro bando.

¿Y por qué la desconfianza? El problema de fondo, lo que tiene agitado el corazón de la Casa de Nariño, es que este segundo anillo que luchó toda su vida para llegar al poder, al lado de Petro, con una filosofía de izquierda, ve con profunda desazón y desconfianza el hecho de que una recién aparecida en la vida política de Petro puede estar quedándose con el poder.

Y tal vez el malestar no sea por un ánimo de este grupo de viejos combatientes de acumular poder, si no por la convicción de que si dieron por décadas esa guerra a nombre de la izquierda, ahora no entienden por qué toda esa lucha queda en manos de una funcionaria que, para algunos de ellos, hizo su carrera al lado del cuestionado Armando Benedetti y por esa vía conoció en detalle cómo opera ese engranaje de grandes y polémicos contratistas con el Estado.

Esta puja, esta guerra, es un hecho profundamente lamentable, distrae a los funcionarios de sus verdaderas obligaciones, de las tareas que por Constitución deben cumplir y por las cuales se les paga con los impuestos de todos los colombianos.

Pero sobre todo refleja un problema aún más grave y es la ausencia de manejo de Gustavo Petro en el gobierno. Los vacíos que deja el mandatario los llena quien más cerca está de él. Entre el tiempo que gasta en tuitear y casar peleas, y el tiempo que le dedica a las narrativas y a intentar ser líder mundial –por no hablar de otras ausencias– termina delegando el ejercicio mismo del gobierno en una mujer con gran sentido común, que hace la difícil labor de ser puente entre el Presidente y los distintos actores del país, pero que no solo no tiene mayor trayectoria sino que además tiene en contra suya a ese sector petrista del gobierno. .

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