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Acorralado por el repudio público, Trump intenta desmarcarse del desastre. Ha bajado el tono. Ahora dice que está revisando lo ocurrido.
El ICE se ha convertido en una de las instituciones más poderosas y controvertidas de Estados Unidos. Sus actuaciones extremas y en varios casos mortíferas han provocado tal rechazo en la opinión pública que el presidente Donald Trump comienza a verlo como un lastre en este año electoral donde se juega mucho.
Buscando reforzar su discurso de mano dura, Trump le otorgó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) una autonomía operativa que desembocó en tiroteos injustificados, detenciones arbitrarias y una sistemática criminalización de la migración. En los últimos meses, los excesos de sus agentes —incluidos asesinatos de civiles y la detención de menores— han provocado una ola de indignación que no se recordaba desde los tiempos de la guerra de Vietnam.
El clímax fue la tragedia de Minneapolis, donde la muerte de Renée Good y Alex Pretti, sumada al arresto de un niño de cinco años, encendió una mecha que hoy incendia plazas y calles en todo el país. Desafiando temperaturas polares, cientos de miles de manifestantes han participado en protestas masivas y en una huelga general, la más larga en la historia de ese país, exigiendo el fin de la presencia del ICE y un cambio en la política migratoria de Trump.
Instituciones tradicionalmente alineadas con los republicanos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA), gobernadores de su propio partido en diversos estados, y asociaciones empresariales de Minnesota han manifestado su oposición a lo que está ocurriendo. A ellos se suman artistas y expresidentes demócratas como Barack Obama y Bill Clinton que le han pedido a la gente que salga a protestar de manera pacífica.
Acorralado por el repudio público, Trump intenta desmarcarse del desastre. Ha bajado el tono. Ahora dice que su administración está revisando todo lo ocurrido y ha enviado a Minneapolis a Tom Homan, su “zar de la frontera”, para que tome el control de ICE, en reemplazo del polémico Greg Bovino, conocido por su retórica incendiaria y por vestirse con atuendos que recuerdan a las SS del nazismo para dirigir las operaciones.
Homan es rival de Kristi Noem, flamante Secretaria de Seguridad de Estados Unidos, que tras cada asesinato de ICE ha dicho que las víctimas eran “terroristas domésticos” y se centra en las cifras brutas de deportaciones sin que nada más importe. El nuevo enviado de Trump propone ahora un enfoque más quirúrgico: deportar sólo a quienes tengan antecedentes penales, en contraste con la persecución ciega y masiva actual, que ha alcanzado a residentes legales, solicitantes de asilo e incluso ciudadanos naturalizados.
El desenfreno del ICE, que fue creado tras el 11S, es insostenible, y su irrespeto por el derecho a la libertad de expresión no hace más que aumentar la condena pública. Si Trump buscaba fortalecer su poder pasando por encima del Estado de derecho, lo que ha conseguido es darse un tiro en el pie, porque fuera de sus incondicionales MAGA, cada vez tiene a más personas en su contra.
Dicen los demócratas que el líder republicano está empleando la política migratoria como excusa para tomar el control de estados rivales y así manipular las elecciones de midterm de noviembre. Y no están lejos de la verdad. Trump ha exigido a las autoridades de Minnesota la entrega de los registros electorales del estado, lo que pondría en manos del Gobierno federal datos privados de millones de estadounidenses. Por ahora, Tim Walz, gobernador del estado, ha rechazado la petición.
Más allá del debate partidista, lo que está en juego es el alma misma de Estados Unidos. La migración ha sido parte esencial de su historia, su economía y su identidad. Convertirla en campo de batalla, en excusa para justificar el autoritarismo, es una traición a los valores que han hecho de ese país un referente —a veces contradictorio, pero vital— de democracia liberal en el mundo.
Lo ocurrido no es solo una lección para Donald Trump. Es una señal para todo el mundo de cómo los tiempos están cambiando. Las migraciones son un fenómeno incontenible para las sociedades y las naciones. Se hace cada día más necesario entenderlas y encontrar para ellas soluciones estructurales. El experimento de la mano dura no ha dado resultados.