Con más candidez que razón se está bautizando como “primavera” cualquier movimiento social. Pero la consolidación de la democracia exige mucho más. La “antipolítica” tampoco ha sido la vía.
Con más entusiasmo que razón se está hablando ahora de una “Primavera Maya” para describir la situación política de Guatemala. Es un recurso facilista, más de eslogan que pega fácil en la opinión pública que un análisis sólido de complejas realidades sociopolíticas que en casi ningún caso son equiparables. Las “primaveras” han sido fenómenos en todos los casos interesantes pero que en pocos han tenido los poderes casi milagrosos que en un principio se les atribuyeron.
El mundo busca constantemente fuentes de inspiración, de esperanza, de optimismo sobre un futuro mejor, y cualquier asomo de rebelión contra regímenes opresivos o corruptos es hoy día saludado con regocijo y altas dosis de ingenuidad como una “primavera”.
Pero no es sino dejar pasar cosa de pocos meses para que la realidad del mundo muestre el choque de las buenas intenciones con la supervivencia de los poderes de corte autoritario o directamente totalitario, incluyendo los regímenes teocráticos. Nadie debe alegrarse de ello,...