Cada libro expresa de algún modo la manera como aspira a ser leído. La biografía del autor nos dice –por ejemplo– que la poesía es como un río subterráneo en la vida de ese hombre cuyo oficio más visible ha sido el de cronista. Es el segundo poemario en veinticuatro años. Al autor lo conocen como “el Chiqui”, y estamos en presencia de un libro también “chiqui”. Cuarenta y dos poemas después de veinte años no parecen gran cosa. Pero el volumen del volumen nos está diciendo algo: que ese libro no quiere ser leído como se lee la prensa, que hay cambio de registro y de intensidad, que aquí las palabras aspiran a una afinada trascendencia.
En el tiempo transcurrido entre El paisaje alucinante (1991) y Noticias del insomnio (UPB, 2015), Gustavo Ospina...