Cada libro expresa de algún modo la manera como aspira a ser leído. La biografía del autor nos dice –por ejemplo– que la poesía es como un río subterráneo en la vida de ese hombre cuyo oficio más visible ha sido el de cronista. Es el segundo poemario en veinticuatro años. Al autor lo conocen como “el Chiqui”, y estamos en presencia de un libro también “chiqui”. Cuarenta y dos poemas después de veinte años no parecen gran cosa. Pero el volumen del volumen nos está diciendo algo: que ese libro no quiere ser leído como se lee la prensa, que hay cambio de registro y de intensidad, que aquí las palabras aspiran a una afinada trascendencia.
En el tiempo transcurrido entre El paisaje alucinante (1991) y Noticias del insomnio (UPB, 2015), Gustavo Ospina –el Chiqui– ha hecho una admirable carrera de periodista y, en secreto, ha mantenido con vida la voz de su poesía. Ha encontrado afinidades y modelos, compañía en sus búsquedas más íntimas. La nota introductoria de su libro menciona algunos nombres: Vallejo, Huidobro, Borges y De Greiff, que son como las claves que explican y justifican el contenido.
Son nombres que inspiran la libertad que se respira en todo el libro. Del caído Vallejo está el dolor, la expresión epidérmica (“¡Cómo cansa el cansancio de pensar en tu muerte! ¡Cómo cansa!”), la gramática que acierta con sus incorrecciones. Del cayente Huidobro están los trinos, los susurros y gritos más allá del lenguaje, la intención de crear vida en el poema (“el azar de los signos lleva un poco de sangre”). Como a Borges, al Chiqui le duele la mujer en todo el cuerpo, su amor será constante más allá de la muerte, promete levantarse de la tumba –libre ya de su cuerpo– para seguir besando a las niñas de su infancia. De Greiff es la versión nórdica y tropical –extraña y familiar–de esa liberación.
Pero la compañía no explica por completo los poemas, sólo su filiación. El poemario es un terreno autónomo: es la patria secreta del poeta, es el espacio donde el cronista diurno encuentra su lúcida libertad nocturna. Allí están sus temas y motivos: el encuentro amoroso, el lápiz obstinado, la espera y el cansancio. Allí están los secretos que no caben en el texto informativo: el amor, la soledad, el miedo, las ganas de morirse, la caída en el silencio y en la noche. La crónica que sale en el periódico quedaría incompleta sin estas noticias que nunca son noticia.
“Todo hombre es un soberano”, decía Rojas Herazo, y el Chiqui parece ratificarlo. Sus poemas son la épica de lo íntimo: las leyendas de un rey que cada día se despierta “a lo mismo, a la nada”, con el cuerpo aún “húmedo de estrellas y de sueños”, a vivir en un mundo donde las frases empiezan con mayúscula, a preñarse de la vida, ansioso de volver al “asilo de sus noches”, al “extraño silogismo” de sus sueños, donde los escorpiones lloran la dicha dolorosa de estar vivos.