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Periodista y editor de textos
Preguntan los lectores
Hernando T. V. Juan, ¿qué se podrá hacer contra esta repetidera de textos? Me siento engañado y burlado (página 5 de hoy, 25/07/2026. Ver imagen).
Don Hernando, aunque no soy representante del periódico y solo soy un colaborador externo a quien El Colombiano le presta este espacio generosamente, le presento excusas. Comprendo su molestia, claro. Como les digo siempre, a mí estos errores me arden especialmente porque soy editor, y conozco muy bien la vergüenza y frustración que causa un error que se cuela luego de todo el esfuerzo intelectual que implica la producción de un texto.
Así que prefiero aprovechar, “aprovechar”, estos errores ajenos para emprender una reflexión. Después del error que venga la reflexión. ¿Por qué ustedes encuentran errores en el periódico? O, preguntado mejor, ¿por qué quedan errores después de todo el proceso? Este proceso, mínimo, debe incluir la revisión propia del redactor y la revisión de un editor. Yo no sé cómo lo harán ahora, porque hace más de 12 años que no entro a una sala de redacción. Y esto ha cambiado mucho, Chuco.
Voy a empezar, a lo mejor, por la cola, si lo pienso en cronología. La inteligencia artificial. Las IA no escriben, ojo. Las IA producen texto, que es diferente. Porque el acto de escribir es una manifestación del espíritu y del cerebro. Pero, eso sí, el texto que producen tiene una ortografía correctísima y una estructura gramatical impoluta. A lo mejor sin espíritu, monótona, robotizada, a lo mejor, pero más que correcta.
Entonces, si un colega usa una IA para redactar, el resultado será un texto correcto, y hablo estrictamente del uso del idioma. Pero se pierde su elaboración intelectual: el cerebro está en reposo, no está produciendo ideas ni ordenándolas, no está escribiendo. Y la escritura es el medio para construir la pieza, pero también es el proceso intelectual que nos forma, que nos hace periodistas. Un cerebro en reposo no se entera de un error tan evidente como el que nos ha expuesto don Hernando.
Les decía que empecé por el final, por la cola. De todas maneras, y esto lo he planteado aquí varias veces, la formación que recibimos los periodistas con respecto al idioma, en general, es precaria, pobre, improvisada, especulada... Un periodista debería estar a unos pasos largos del lingüista.
Y seguramente la mayoría de los medios no tienen un experto en lingüística que, por lo menos, pueda resolver inquietudes, capacitar, enseñar y corregir. Pero corregir para enseñar, no corregir por corregir, porque la escritura es un arte que nunca aprendemos del todo...