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No es un vino blanco, tampoco es un vino tinto, es un vino rosado con toda su mística y su historia, como dice la biblia vinum laetificat cor hominis (el vino alegra el corazón de los hombres) y esta es la vocación precisa del vino rosado, es el vino del verano, el vino del estío, el vino de las vacaciones, nació para alegrar y refrescar a sus adeptos, los hay dulces, semidulces, secos, con burbujas o tranquilos es un vino que llegó para quedarse.
Técnicamente, un vino rosado es el producto que resulta de la corta maceración (contacto) de los hollejos de uvas tintas con su mosto (jugo). Son los antocianos (compuesto fenólico que tiene la piel de la uva con un color rojo azulado o amoratado) de las uvas tintas los que darán el color al vino y este dependerá de el tiempo que los hollejos esten en contacto con el mosto, lo que permitirá una enorme posibilidad de colores.
Los vinos rosados tienen gran variedad de colores que van desde el gris (muy ligero) pasando por el piel de cebolla, rosa pálido, ojo de perdiz, coral, salmón, hasta lo oscuros frambuesa, violeta, fucsia, cereza, anaranjado o cobrizo.
La zona mas famosa a nivel mundial para la elaboración de vino rosado es la Provenza, esa idílica y lujuriosa zona al sur de Francia donde los millonarios del mundo aspiran jubilarse. Allí se elabora un delicado vino rosado elaborado principalmente con las uvas Garnacha, Cinsault, Syrah y Cariñena, también se pueden usar la Mourvedre, la Tibouren y la Cabernet Sauvignon. Generalmente se producen vinos secos, muy pálidos con un tono piel de cebolla muy brillante y atractivo.
Hasta aquí todo muy bien, lo que me parece lamentable es que el resto del planeta se dedicara a copiar los rosados provenzales contraviniendo la potencia, aromas y colores que dan sus propias uvas y su propias zonas de producción, es lamentable ver rosados de Shiraz del caluroso Hunter Valley australiano con apenas una pinta tímida de color, o avezados rosados del valle de Colchagua (Chile) o San Juan (Argentina) donde el sol campea a placer coloreando esos potentes Malbecs o esos oscuros Merlots, produciendo rosados como los cachetes de una quinceañera nórdica.
Recordemos que todos los vinos responden a los ritmos de las estaciones de un terroir (zona de producción) específico y que en geografías como las australes Chile, Argentina o la misma Australia, el sol y el calor riega generosamente los viñedos dándoles color, sabor y estructura, cualidades que los han hecho brillar en el mundo entero. Yo me pregunto ¿Por qué negar las características de un terroir, en aras de un capricho o una moda comercial? Bienvenidos los rosados potentes de color y estructura, como nuestro invitado navarro de hoy, si su color y belleza responden a lo que regala la naturaleza en una determinada zona enológica y más bien debemos repudiar el tosco maquillaje de algunos vinos que niegan su cuna y su origen.
Vino: Otazu Rosé
Bodega: Pago de Otazu
Uva: 100% Merlot
Año: 20202
Zona: Navarra
País: España
Enólogo: Enrique Basarte
Tiempo de Guarda: entre 2 y 3 años
Temperatura de Servicio: 13ºC
Importa: Tannic
Alcohol: 13,5 % AbV