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Crónicas de un Fan Fatal: ¿Quién decide hoy qué es “buena música”?

hace 4 horas
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Diego Londoño

@ElFanFatal

Antes eran los críticos; luego, la radio; ahora, los números y su frialdad. Números de los que, además, poco sabemos: no tenemos certeza sobre su veracidad ni sobre los mecanismos opacos cuando no abiertamente desvergonzados que los sostienen. La vida acelerada de la música, los lanzamientos y la industria atraviesa un cambio vertiginoso que, a veces, me inquieta. Hoy un estreno dura, con suerte, una semana, y de inmediato es necesario otro, y otro más, para mantener satisfecha a la dinámica industrial y, como se escucha con frecuencia, “no desaparecer”. Las canciones ya no tienen vida: no las dejamos respirar. Los discos dejaron de serlo; ya no se valora la obra completa como pieza artística, y el contenido digital en redes sociales se ha convertido en la principal y a veces única plataforma de lanzamiento de una creación.

De ahí surge la pregunta: ¿quién decide hoy qué es buena o mala música?, ¿quién determina qué se escucha y qué se deja de escuchar?

El mes que pasó fue tiempo de conteos musicales, de balances anuales y de cierres simbólicos para comenzar un nuevo ciclo. Yo mismo propuse un listado en este periódico: Los 20 discos del año. Un conteo que, sin la pretensión de categorizar ni jerarquizar, buscaba destacar de manera personal y absolutamente subjetiva lo que me pareció valioso en términos discográficos en 2025. Por eso en ese listado no hay un número uno ni un número veinte, ni el afán de establecer que un disco sea mejor que otro. Lo que sí hay es una inquietud por la decisión y la selección, para que no todo quede en manos de los números, del algoritmo o de las múltiples trampas digitales que abundan en la web y ahora también en la IA. Año tras año, este ejercicio busca humanizar el trabajo artístico y reconocerlo sin imponer una última palabra.

Durante mucho tiempo, para hablar de “buena música” existían indicadores claros: las semanas de rotación en radio o las listas especializadas de revistas musicales. Ahí estaban el Hot 100 de Billboard, el UK Singles Chart, el Rolling Stone Top 100 Songs, Hot Latin Songs, Monitor Latino y muchos más, organizados por territorios y géneros. Hoy, al menos desde la mirada del público consumidor, estos referentes parecen haber perdido peso. Son las plataformas digitales, sus conteos internos, las listas de estrenos y el algoritmo quienes están decidiendo por nosotros.

El orden natural debería ser simple: me gusta o no me gusta. Pero la repetición insiste, y la exposición constante en radio, televisión y redes sociales termina haciendo que tarareemos incluso aquello que no elegimos conscientemente. La letra con sangre entra, dicen por ahí.

Por eso, al comenzar un nuevo año, vuelvo sobre este tema para dejar la inquietud flotando en el aire: no caer con tanta ingenuidad en las tendencias ni acostumbrarnos a que otros decidan qué debemos escuchar.

Deberíamos volver a ser los curadores de nuestra propia música. Decidir nuestro algoritmo, no obedecerlo. Y, mejor aún, compartir ese ejercicio con quienes tenemos cerca. No hay recomendación más honesta que la de un amigo. La buena música no necesita permiso ni cifras para existir: necesita oídos atentos, criterio propio y el coraje de elegir. Que no sean los números ni los algoritmos quienes decidan por nosotros qué vale la pena escuchar.

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