Desde hace poco más de una década, ha surgido en Hollywood un subgénero cinematográfico propio de estos tiempos de miedo a todo (a las calorías, a los coreanos, a los transgénicos) y de personajes que en vez de talento tienen carisma. Me refiero a las ´”películas de aventuras con Dwayne Johnson”, de las que estamos teniendo ya hasta dos o tres por año. Historias sencillas en su mayoría, que ponen al musculoso y simpático exluchador en algún escenario en que sus cualidades físicas, evidentes, le sirven para enfrentar retos creados por un juego mágico, catástrofes naturales o, como en esta “Rampage”, estrenada hace algunos días, animales enormes modificados genéticamente. El modelo ya existe, la gente lo compra y por eso viene en varios colores....