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Columnistas | PUBLICADO EL 20 septiembre 2021

Volver a la ciudad como extranjero

Por JUAN JOSÉ GARCÍA POSADAjuanjogp@une.net.co

Tres meses de ausencia y al regresar encuentro que la ciudad ha retrocedido. La involución ha sido acelerada. Queda la sensación, al volver a recorrer las calles
y encontrar a cada paso las señales del descaecimiento, de que Medellín se detuvo. Paró su desarrollo veloz
y seguro. Los signos más
visibles indican retroceso: Arrumes de basuras en las esquinas y los sardineles
y en las orillas de las quebradas. Semáforos apagados y congestiones que nunca antes habían sido tan continuas y desesperantes, porque, así hubiera tramos
difíciles, el tránsito fluía.
Estrechez en las vías e imprudencia dolosa de incontables conductores. Descontrol del exceso de velocidad. Estacionamiento de carros y
camiones en sectores vedados. Miedo e incertidumbre visibles en los rostros de la gente porque la inseguridad no sólo se percibe, sino que asedia a toda hora. Deterioro de la malla vial con abundancia de huecos y baches. Falta de vigilancia preventiva y de presencia de uniformados. En fin.

A la lista larga de fallas y disparates que indican manejo erróneo del gobierno de la ciudad, se le suma el auspicio de una atmósfera de crispación política, de negación al diálogo y la tolerancia, de desdén por todo lo experimentado y aprendido para alcanzar mínimos de convivencia y cultura ciudadana, de una insistencia terca en echar leña y gasolina a la hoguera de los conflictos, como si no valieran las viejas lecciones que llaman al escarmiento. Y como si el responsable de la autoridad, esa palabra desgastada y sometida al desacato, eludiera su deber de unir, de buscar puntos de entendimiento y acuerdo entre los contrarios, de no contribuir a la prolongación de las confrontaciones y de asumir un liderazgo convincente, por encima de caprichos personales y políticos.

En los tres meses más recientes permanecí alejado de Medellín, aunque enterado del discurrir de la vida de la ciudad. Al regresar sentí un impacto deprimente por todo lo que se comprueba en vivo y en directo. Que no se me confunda con un conspiranoico. Pero debo decir que me resulta inevitable sospechar que en algún lugar de la galaxia está dirigiéndose una siniestra estrategia como para desmantelar la capital de Antioquia, frenarla a toda costa para que deje de ser modelo de crecimiento y desarrollo, de innovación y mejoramiento de la calidad de vida, ese modelo que las demás regiones que integran el país nacional han consultado y justipreciado por mucho tiempo. Lo que está sucediendo en contra de esta ciudad no puede ser ni casual ni bienintencionado. A las llamadas fuerzas vivas les toca organizar un bloque de resistencia cívica. Es el colmo, como en la canción, que al volver a la ciudad en retroceso haya que sentirse como extranjero

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