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Columnistas | PUBLICADO EL 03 septiembre 2021

UNAS DE CAL Y OTRAS DE ARENA

Por HENRY MEDINA U.medina.henry@gmail.com

Las últimas semanas nos han mostrado hechos relevantes en las esferas política y de búsqueda de la verdad sobre el conflicto. El lanzamiento de múltiples candidaturas a la presidencia con propuestas de unión, construcción de país y superación de odios generan un ambiente motivador y un clima político constructivo.

Llaman al optimismo las nuevas voces que expresan su deseo de dirigir nuestro país desde la presidencia. Ellas coinciden en la necesidad de superar la polarización y el odio, y en la conveniencia de mirar con mayor atención el futuro que el pasado. Son posiciones distanciadas de los extremos del espectro político que prometen el tránsito evolutivo de la competencia hacia la colaboración y la complementariedad, como condición inherente en la tarea de construir nación. Parece que surgen fuerzas políticas con el liderazgo generativo capaz de encauzar el cambio.

De otra parte, la negativa de los expresidentes de asistir a la comisión asesora de relaciones exteriores para atender los temas del litigio limítrofe marino con Nicaragua merece condena, en cuanto evidencia que sus mezquindades individuales están por encima de los intereses del Estado.

La presencia de los cinco expresidentes ante la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, CEV, es la ratificación de su legitimidad, a la vez que un aporte de alta importancia para el análisis y el juicio histórico sobre el conflicto armado.

El análisis posible de las intervenciones de los expresidentes ante el organismo parte de la justicia transicional, permite la constatación de cada uno de ellos sobre los hechos políticos en el pasado cercano. Reflejan en sus relatos los intereses que buscan atacar o proteger, la negación o justificación de errores y su posición autoindulgente ante la historia.

De tales intervenciones la de más impacto en el ámbito político y en los medios de comunicación ha sido la del expresidente Álvaro Uribe, especialmente por su contenido propositivo, al lanzar la idea de la amnistía general.

Que la propuesta se convierta o no en ley de la República no reviste tanto impacto mediático como lo tendrá en la campaña presidencial que ya inició. Las reacciones se dieron desde el primer momento, algunas de personas con la mayor autoridad para hacerlo, como las de Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, quienes la ven como contrarias al espíritu de los acuerdos de paz acogidos en nuestra constitución y como un palo en la rueda de la verdad y la investigación y juzgamiento de los principales responsables de la violencia. El fiscal general Francisco Barbosa la ve contraria a los lineamientos de la Corte Penal Internacional y la corte Interamericana de Derechos humanos. Eduardo Cifuentes, presidente de la JEP, considera que tal acto es algo semejante a la perfidia. En contrario, el Centro Democrático, Gustavo Petro y otras voces autorizadas la aplauden, en cuanto puede ser el camino para la pacificación del país. Importante discusión y buen trabajo para el Congreso, si el proyecto se presenta.

Mi conclusión es que toda propuesta que invite a la reconciliación, la concordia y la finalización de la violencia, no debe ser aplaudida o negada a rajatabla, sino estar sujeta a análisis exhaustivo y sin prevenciones por parte de la opinión pública y sus representantes. La vida, la paz y la seguridad pública son valores superiores que ameritan cualquier esfuerzo hecho con transparencia y buena fe

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