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La Patria Milagro, si quiere ser algo más que una frase poderosa, tendrá que medirse en hechos.
Por Juan Carlos Manrique - opinion@elcolombiano.com.co
El ajedrez político, como alguna vez lo mencionó García Márquez, desbordó la voluntad de sus protagonistas y llenó los espacios de parafernalia apolillada. Durante años, Colombia ha estado atrapada en una narrativa de imposibilidad, especulación intelectual, división y escepticismo.
Nos acostumbramos a hablar del país como si estuviera condenado: a la violencia, a la desconfianza, a la corrupción, a la improvisación, a la división. Normalizamos que haya más territorio que Estado. Normalizamos que existan cientos de kilómetros del territorio donde Colombia no ejerce soberanía ni garantiza, como debería, la vida, honra, bienes y derechos de cada ciudadano. Hemos producido diagnósticos, planes, reformas, misiones e informes. Sabemos describir lo que no funciona. Nos ha costado es convertir esa conciencia en una voluntad común.
Dspués de una elección intensa, reñida y muy compleja, el concepto de una patria milagro, una patria ganadora, merece ser tomado muy en serio. No como celebración de una mitad contra la otra. No como revancha. No como consigna de campaña. Sino como punto de encuentro para eso que algunos reclaman: un gran acuerdo nacional. Una patria ganadora, si quiere ser idea nacional, tiene que ser una invitación amplia: que Colombia vuelva a creer en sus posibilidades, aprenda a ordenarlas y las ejecute sin excusas, dando prioridad a los más vulnerables y nivelando la cancha para todos.
Esa es la mejor manera de entender la llamada Patria Milagro. No como magia, ni promesa sobrenatural, ni entusiasmo de tarima. Colombia no necesita milagros ingenuos. Necesita dirección, carácter, estrategia, ambición y foco. Una patria ganadora solo será ganadora si es para todos. Una elección reñida no disminuye legitimidad del ganador. La democracia no exige unanimidad; exige reglas, reconocimiento y respeto por quien piensa distinto. Pero un resultado estrecho sí aumenta responsabilidad de quien gana. No entrega licencia de revancha. Entrega mandato de convocatoria, para que todos puedan sentirse parte del país sin renunciar a sus convicciones.
La patria ganadora no podrá ser la de una mitad que venció a la otra, sino la de un país que entienda que el triunfo consiste en llevar, entre todos, a Colombia a ser nación relevante y respetada por ciudadanos del mundo. Ese sueño se rompería si se utiliza el Estado, como lo hizo Petro, para sembrar una ideología excluyente y canceladora. Que la patria ganadora o milagro se quede en una promesa sería una irresponsabilidad histórica. La Patria Milagro, si quiere ser más que una frase poderosa, tendrá que medirse en hechos. Sé que el nuevo presidente ha ganado el gobierno, pero todavía debe ganar el poder. Lo ganará con la contundencia de los resultados, que legitimen un camino de servicio en favor de los colombianos. Un sistema no se cambia solo desde el gobierno. El único camino es cambiarlo desde el poder. Ese será el juego ganador. Estoy esperanzado en que los mejores días de Colombia están por llegar.
PD: Gracias totales al Registrador y a todas las instituciones.