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EE. UU. es un lugar donde nadie trata de timar a los turistas y donde la hospitalidad es consustancial y casi política de Estado.
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
Se acerca el Mundial y la Administración Trump recula en su política migratoria para dejar pasar sin los filtros que pretendía aplicar a los miles de hinchas que ya deberían de tener reservados sus billetes y entradas. En un encuentro con un reducido grupo de periodistas de habla hispana, el enviado especial para el Turismo, Nick Adams, es franco.
“No se aplica, que yo sepa”. El hombre de Trump para el Turismo niega la mayor parte y asegura que existe “una campaña muy deshonesta” para hacer creer que viajar a EE. UU. implica confiscaciones de teléfonos, revisión de perfiles o detenciones arbitrarias. “Eso no es verdad”, insiste.
Adams sostiene que esa narrativa ya está afectando a la percepción internacional del Mundial. Según explica, ha escuchado a aficionados extranjeros decir que viajarán “con un móvil desechable o borrarán sus redes sociales antes de venir”. Para Adams, esa imagen responde a “las mentiras deshonestas de muchos periodistas” que buscan “sabotear a EE. UU. y dañar su economía”.
Lejos de suavizar el tono, carga directamente contra algunos medios europeos: “Cualquiera que reporte que América es insegura o que las redes sociales serán investigadas inmediatamente está lleno de mierda”. Frente a ello, defiende una imagen de apertura y hospitalidad: “Somos la gente más hospitalaria del mundo”.
Incluso lanza un mensaje conciliador a los posibles hinchas iraníes que quieran apoyar a su selección: “Si vienes a América a pasar un buen rato, cumples la ley y sigues el proceso para visitar EE. UU. es muy poco probable que tengas problemas”.
Adams insiste en que el gran reto de la Administración Trump no es la organización del torneo, sino revertir la percepción negativa exterior. A su juicio, el Mundial y las celebraciones del 250 aniversario de la independencia deben servir para proyectar una imagen de Estados Unidos fuerte, abierto y preparado para liderar el turismo global.
Parece increíble que sea necesario explicar que Estados Unidos es un país hospitalario, pero todos tenemos en mente los excesos de las patrullas migratorias. Sin embargo, cualquiera que haya visitado aquellas tierras ratificará que se trata de uno de los países donde mejor se trata a los turistas. Un lugar donde nadie trata de timarlos y donde la hospitalidad es consustancial y casi política de estado. De hecho, les contaré que el único país en el me han invitado a un trago -a mí y a otro grupo de españoles- fue en Lafayette, Luisiana, en cuanto supieron que éramos europeos.
Este cambio es una demostración más del pragmatismo que debe servir a la política. Si no llegan los turistas y los estadios se quedan vacíos, sin el colorido, la mezcla de razas y la fiesta que supone un Mundial de fútbol, la imagen del organizador queda por los suelos.