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Por Federico Arango Toro - @Fedearto

Liderazgo o soberbia

Cuánta razón tenía el Presidente Uribe cuando advertía: ‘Ojo con el 2022

hace 2 horas
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  • Liderazgo o soberbia

Por Federico Arango Toro - @Fedearto

Nuestra República, su democracia y la organización económica y social están heridas y postradas, con crisis polifuncionales. En pocos días, hemos de cumplir la convocatoria a elecciones presidenciales. Serán las más determinantes de las realizadas en el siglo XXI. Llegamos a ellas después del grave daño causado por el desgobierno Petro; cuánta razón tenía el Presidente Uribe cuando advertía: “Ojo con el 2022”.

Imposible en una corta columna detallar cómo Petro, con su persistente “shu, shu, shu”, afectó todos los frentes de la vida nacional. No necesitó grandes golpes ni mega atentados; bastaron cientos de pequeñas pero sistemáticas acciones contra todo lo que funcionaba. Su estrategia empezó con la escogencia deliberada de colaboradores no idóneos, pero sí fieles e incondicionales ideológicamente. Así, con tan inadvertida estrategia, fue deteriorándolo todo hasta el extremo, mientras florecían la corrupción y la inseguridad en múltiples formas, producto de su malintencionada “Paz Total”.

Petro tensionó los sistemas políticos, económicos y sociales hasta extremos de difícil retorno, socavando la democracia y la confianza inversionista. Gobernó irresponsablemente, optando por pelear con todos los poderes y órganos independientes del Estado. No lideró, sí intimidó y pretendió imponerse con carácter autoritario propio del desvarío de creerse líder galáctico.

El voto de la mayoría de colombianos en esta ocasión tiene un valor superior, tipo “combo político”: será un dos por uno. La convocatoria nos brinda tanto la posibilidad de revalidar nuestra democracia no perdiéndola y poniéndola a salvo, así como de elegir el mejor Jefe de Estado para tan difícil momento. Lo primero, poner a salvo la democracia, inexorablemente implica que en segunda vuelta derrotemos a Cepeda, dado que todos los sondeos indican que será uno de los dos primeros este 31 de mayo. Es el enemigo común para la centro derecha; comunista de izquierda radical, promocionado abierta, descarada e ilegalmente con la intervención en política del presidente Petro y sus funcionarios; también es candidato de las FARC según interceptaciones divulgadas, en las que invitan a apoyar al “compañero Cepeda”. Un eventual triunfo suyo conduciría a consolidar un gobierno autoritario, sin límites, para el cual Petro deja la brecha abierta, al estilo del tristemente padecido en Venezuela.

Lo segundo será elegir el mejor presidente, lo que por lo avanzado del proceso impone la doble racionalidad de ser un voto viable en primera vuelta y suficiente para la victoria final, como premisas básicas. Con tales consideraciones, la elección se limita a dos candidatos, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, quienes en estrecha competencia buscan el paso a segunda vuelta, para enfrentar a Cepeda.

En tal encrucijada, el mejor candidato debe poseer irrenunciables valores éticos adheridos como piel al cuerpo y no como equipaje de emergencia; tener conocimientos y profunda experiencia en la vida pública y funcionamiento del Estado; contar con sólida y numerosa bancada de Congreso que le brinde gobernabilidad y coadyuve en el proyecto de Reconstrucción Nacional. Debe tener la mayor aceptación en el amplio espectro de la política nacional, a fin de garantizar la derrota del enemigo en segunda vuelta, revalidando la democracia. Es cuestión de auténtico liderazgo, no de gritos ni soberbia.

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