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Emprender es como el amor, pero del que exige estándar

hace 2 horas
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  • Emprender es como el amor, pero del que exige estándar

Por Tomás Ríos - opinion@elcolombiano.com.co

En Medellín nos encanta hablar de emprendimiento. Lo celebramos, lo llenamos de eventos, lo convertimos en narrativa y, muchas veces, lo usamos como consuelo, ese lugar donde decimos: “por lo menos la gente está creando”. Y sí, una ciudad sin ideas o sin ganas de crear se marchita.

Pero si queremos dar el salto de ecosistema emergente a ecosistema de talla mundial, no podemos seguir evitándolo: emprender no es un sentimiento ni un intento de ver qué puede salir. Emprender es más que eso. Es una forma de pensar, es un oficio, es una profesión. Y un oficio se mide por el estándar, no por las emociones.

En 2024 se crearon 297.475 empresas en Colombia; en Medellín, 21.480, algo más del 7 % del total, según registros del RUES reportados por Confecámaras y la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia. Pero el dato más importante no es cuántas nacen, sino cuántas logran volverse sostenibles.

Confecámaras estima que solo el 33,5 % de las empresas sobrevive al término de cinco años. Es decir, casi dos de cada tres se quedan en el camino. Esa mezcla de energía y mortalidad dice mucho de lo que somos: una ciudad con ganas de crear, pero con brechas serias en método, productividad y capacidad de sostener.

Crear es el inicio. Construir empresa es el oficio.

El freno silencioso es estructural: la informalidad. Cuando una economía opera con niveles altos de informalidad, el emprendimiento tiende a ser de supervivencia: negocios que nacen para resistir el mes, no para construir una década. Sin productividad no hay salarios sostenibles; sin formalidad no hay sistema que aguante.

Por eso la conversación de emprendimiento no puede quedarse en la épica del sí se puede. Tiene que entrar en el terreno menos sexy, pero más decisivo: procesos, capacitación, cumplimiento, calidad y caja.

Medellín viene ganando visibilidad como ecosistema. Rankings como StartupBlink muestran crecimiento (posición #145 a nivel global), y este momentum es una ventaja. Nos pone en el radar, atrae talento y abre puertas. Ahora viene lo más bonito: convertir esa atención en empresas que compitan globalmente.

Si queremos ser un hub, la conversación tiene que evolucionar del “somos innovadores” al “vendemos al mundo”. La oportunidad está en subir el estándar: hacer de la construcción un hábito —procesos, formación y cultura— para que el crecimiento no solo llegue, sino que se sostenga.

Con el capital está pasando lo mismo. No desapareció; se volvió exigente. Ya no premia promesas, premia fundamentos: ventas, retención, eficiencia, ética, disciplina financiera y equipos que saben ejecutar. Y ahí aparece el punto central: a Medellín no le falta creatividad; le falta estándar.

Emprender es como el amor, sí. Pero amor del difícil. Del que escucha al cliente aunque duela, repite procesos, documenta, entrena, corrige, dice no a lo que distrae y cuida lo básico sin aplausos. Porque el futuro no lo crean solo los que sueñan más duro, sino los que construyen mejor.

La buena noticia es que en Medellín sobra talento y sobra hambre de futuro. Lo que necesitamos es convertir esa energía en empresas con estándar: que cuiden la caja, diseñen procesos, formen equipos y vendan con repetición para escalar. Emprender con ambición, sí, pero con método. Ese es el emprendimiento que crea empleo, compite afuera y deja país. Y ese es el tipo de crecimiento que vale la pena perseguir.

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