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2026

El futuro de la democracia depende de nuestra capacidad para construir una oposición sólida y cohesionada, una que represente genuinamente los intereses y las preocupaciones de la ciudadanía.

03 de mayo de 2024
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  • 2026
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Por Sofía Gil Sánchez - @ladelascolumnas

Gustavo Petro olvidó, o convenientemente intenta ignorar, que no hay nada tan efímero como el poder. Este año cumple la mitad de su mandato y en dos, tras elegir el gobierno que lo reemplazará, finalizará su periodo.

El tiempo avanza, como nunca lo logró el presidente, es momento de que la oposición cambie su estrategia. No necesitamos redentores, ya Colombia pagó su condena de líderes con delirios mesiánicos. Es momento de enfrentar la realidad que tanto hemos ignorado: Colombia no necesita un caudillo que lo salve de Gustavo Petro, necesitamos la certeza de que vuelvan a haber elecciones, y que las tarimas de Gustavo Petro no se renueven para una segunda temporada.

Día a día Petro demuestra su incapacidad para construir equipos y consensos, su gran acuerdo nacional en la actualidad duerme el sueño de los justos, y, por el contrario, al igual que en su Alcaldía de Bogotá, decidió usar su “poder de cambio” para destruir, retroceder y dividir. Por el bien del país, la oposición debe representar todo lo contrario al Gobierno Nacional y, en sus manos, estará la capacidad de construir, avanzar y unir.

No solo necesitamos un presidente que sea símbolo de la unidad nacional, también es urgente un Congreso de la República preparado, técnicamente bien fundamentado y que no siente posición según la marea de la burocracia.

Tenemos la urgencia de una oposición auténtica y representativa, una que trascienda el personalismo y el oportunismo, una que suavice el panorama de estar atrapados bajo el liderazgo de un presidente que, de múltiples maneras, hemos demostrado que no deseamos.

El futuro de la democracia depende de nuestra capacidad para construir una oposición sólida y cohesionada, una que represente genuinamente los intereses y las preocupaciones de la ciudadanía. Esto implica dejar de lado los egos y las agendas personales para trabajar en pro de un objetivo común: restaurar la confianza en nuestras instituciones democráticas y en el proceso electoral.

Mientras seguimos acostumbrándonos a dos años de discursos incendiarios, enfrentados a una eterna contradicción entre las acciones del gobierno, los ciudadanos y la oposición deben concentrarse en cumplir con una única tarea: evitar que acaben con todo lo que ha se ha construido a lo largo de toda una vida republicana en Colombia.

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