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Si tenemos buenas reservas de ética, ayudamos, mejoramos el día de alguien y hasta salvamos una vida.
Por Sergio Molina - opinion@elcolombiano.com.co
Médicos fueron sorprendidos haciendo trampa en examen, sucedió en Antioquia. ¿Debe importarnos?, sin duda, los médicos cuidan, más preocupante la falta de criterio ético y amoroso en unos profesionales que en otros. En nuestra cultura, estamos menospreciando la sensibilidad, el compromiso y el discernimiento sobre lo humano, lo bueno y lo inconveniente, consideraciones imprescindibles en cualquier profesión u oficio. Aunque apócrifa, una sentencia certera, dice que “un hombre sin ética es una bestia salvaje suelta”. Como sé que a duras penas hablamos de ética, expongo una expresión, que se deja en anaqueles, en los san alejo del que hacer humano, me refiero a Deontología, según la RAE, “la rama de la ética que trata de los deberes, especialmente de los que rigen una actividad profesional”. Exigimos calidad y experiencia de cualquier profesional, pero pocas veces revisamos la ética evidenciada en su reputación. Exigía a mis profesores, más de la cuenta. Observaba su trato respetuoso y cordial a la par de la suficiencia académica. Miraba hasta la forma de vestir. No es para menos, un formador incide en el resultado, en sus alumnos. Así pasa con todas las profesiones, solo piensen en alguna que se libre del imperativo de actuar con responsabilidad. La ética se hermana con la sensibilidad por el otro, con la responsabilidad y simultáneamente con la vida misma.
Instruir sobre ética supone un esfuerzo didáctico, exige desmenuzar un intangible, acudiendo a ejemplos, preguntas y escenarios hipotéticos para poner en situación a los estudiantes. Dos tentaciones peligrosas tienen el menester de enseñar la ética en la actualidad: En primer lugar, darlo como un asunto obvio, que debería saberse desde casa y del que suponemos, ya todos conocen. En segundo lugar, es tentador asumir la enseñanza de lo ético como algo soso de enseñar y aprender y relegado a la moral religioso, no a lo ontológico y a la civilidad. Hablar de ética es fácil, basta asumirlo como acto amoroso, porque “un ser ético, será siempre un ser amoroso”. Pongámonos en situación, hagamos de esto un conversatorio de amigos, de pareja y familiar. Por si acaso y no le habían prestado atención a la palabra, ética no se escribe con H, lleva tilde y refiere al comportamiento humano. Como concepto, incluye normas, virtudes y valores para actuar responsablemente hacia el bien común, es decir, amorosamente.
Si tenemos buenas reservas de ética, ayudamos, mejoramos el día de alguien y hasta salvamos una vida. Que la ética se exija al médico, al artista que entretiene al reo y recibe paga, al carcelero que debe diferenciar entre lo normal y lo anormal y a todos aquellos que estén ante una decisión, consideración o pronunciamiento. Repasemos la lección para el examen ético, porque la ética se construye al tiempo que el carácter y se pone a prueba diario. Ética y acto van juntas. Dejo cuestiones: ¿Cómo andamos de Deontología en el ejercicio personal y profesional?, ¿haríamos esto o aquello? Figuremos situaciones y respondamos con sinceridad.