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Se acabó el recreo

Cuando te dan un premio, toca dejarse calumniar. Como reportero, mi oficio amado, he procurado mantener informados a los lectores, divertirlos. Tengo alma de payaso. Un lector es un salario en especie, un premio de carne y alma.

14 de febrero de 2024
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Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

La primera vez que estuve en Bogotá en 1964 duré un mes. Me derrotó la nostalgia. La segunda vez me quedé 45 años. Me atrapó el periodismo. La última vez disfruté Bogotá los días 8 y 9 de febrero pasados cuando recibí la estatuilla “El Sacrificado” de Arenas Betancourt como ganador del premio al Mérito Periodístico Guillermo Cano otorgado por el Círculo de Periodistas de Bogotá. Don Guillermo, su integridad y su legado, siempre serán noticia de primera página.

No le perdono a la Junta Directiva del CPB que haya sacudido mi cotidianidad. Puede ser fatal para quien está frente al pelotón de fusilamiento de la vejez. Me siento mejor como bípedo que saca su perro al parque. Es la vida que me merezco.

En el pergamino que me entregaron explican el porqué de la distinción: “Es la exaltación de la trayectoria de un notable periodista, ético y fiel a la verdad”.

Cuando te dan un premio, toca dejarse calumniar. Como reportero, mi oficio amado, he procurado mantener informados a los lectores, divertirlos. Tengo alma de payaso. Un lector es un salario en especie, un premio de carne y alma.

Alguna vez le pregunté al reportero mayor y filósofo del periodismo Javier Darío Restrepo, su opinión sobre los premios. Como asistido por el Espíritu Santo, el jericoano me respondió: “Creo que es malo ganarse uno un premio si lo saca de su propia realidad y le hace perder el sentido de las proporciones; que te lleve a mirar a los demás por encima del hombro, o solo el pensamiento elemental de que soy mejor que los otros. Entonces el premio no es aconsejable”. Adhiero estrepitosamente.

Al agradecer el premio dije: “Modestia, apártate, pero creo haber ejercido el periodismo con ganas, ética y estética. Entiendo por ética actuar de tal forma que si tocan a mi puerta en la madrugada es el lechero, no la policía, como dijo un súbdito inglés. La estética tiene que ver con la adecuada presentación de noticias, crónicas, entrevistas, columnas..., géneros con los que me he ganado los garbanzos y he crecido espiritual y culturalmente. ¿Cómo no darle un besito de agradecimiento al periodismo?”

En mi discurso aclaré que “el premio también se lo dan a Gloria, mi señora, la mujer de todas mis vidas. Con ella he compartido las alegrías y zozobras que nos depara este destino. Así lo llamaba bellamente mi madre”.

Se acabó el recreo: a trabajar para hacer quedar bien a la Junta del CPB y a quienes se han alegrado con el premio que casi no me dejan entrar a la cabina del avión porque los funcionarios del aeropuerto consideraron la estatuilla un objeto “potencialmente peligroso...”.

Cierro la tienda con esta recomendación de un mi amigo: “Se recibe el premio, se celebra, y luego se sigue siendo uno mismo, o sea, un vos mismo”.

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