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Vestigios bolivarianos

El denominador común entre la movilización oficialista y el proceder de los colectivos chavistas es la normalización de la violencia como forma de expresión política.

29 de febrero de 2024
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  • Vestigios bolivarianos

Por Rodrigo Botero Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

El gobierno ha ido revelando su orientación y sus objetivos por medio de una serie de episodios desconcertantes, aparentemente inconexos, que tienen en común una inconfundible inspiración bolivariana.

El asedio a la Corte Suprema de Justicia el jueves ocho de febrero, por parte de los partidarios del presidente Petro, es uno de ellos. La gravedad de ese atropello al poder judicial y al Estado de Derecho ha sido denunciada por los voceros de la sociedad civil, a pesar del intento gubernamental por minimizar su trascendencia.

El comportamiento amenazante de los manifestantes oficialistas evoca la actuación de los denominados colectivos en tiempos de Hugo Chávez, como una forma de atemorizar a la oposición con hordas identificadas con el caudillo.

Justo es reconocer que, a diferencia de los movilizados del Pacto Histórico, los colectivos chavistas en motocicletas incluían a pistoleros que disparaban contra las manifestaciones de la oposición. El denominador común entre la movilización oficialista y el proceder de los colectivos chavistas es la normalización de la violencia como forma de expresión política.

Otro episodio con antecedentes bolivarianos es la conmemoración gubernamental del robo de la espada de Bolívar, hazaña simbólica del M-19 que en su momento tuvo un gran impacto en la opinión nacional. En Venezuela se celebra como un hito histórico el intento de golpe por parte de Hugo Chávez, un militar en servicio activo, contra un gobierno civil, elegido de manera democrática. El golpe fracasó y causó un número considerable de muertos. Pero sirvió como plataforma para darle notoriedad política a Chávez. El régimen venezolano ha logrado imponer y validar el relato de Chávez según el cual los gobiernos democráticos entre 1958 y 1998 fueron una farsa. Por lo tanto, tratar de derrocar a Carlos Andrés Pérez por medio de un golpe militar sería un hecho legendario.

Los gobiernos autoritarios tratan de deformar la historia para adecuarla a sus propósitos. Según George Orwell, “quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado”. Ahora bien, Colombia por ahora está lejos de la distorsión de la historia del chavismo. Pero es indudable que hay un intento gubernamental por limpiar, mistificar y glorificar el pasado del M-19.

El hecho es que el M-19 tiene un pasado violento, del cual no se ha arrepentido, que no se puede borrar de la historia nacional. En aras de la reconciliación, el país perdonó al M-19. Pero una cosa es perdonar y otra distinta es olvidar. No todas las hazañas del M-19 fueron meramente simbólicas. En 1976 secuestraron y asesinaron al dirigente sindical José Raquel Mercado. Y el intento de someter a juicio al presidente Belisario Betancur en 1985 condujo a la tragedia del Palacio de Justicia. Esos son crímenes del M-19 de una inmensa magnitud que no pueden soslayarse ni olvidarse. El país no puede permitir que, como homenaje a Chávez, se secuestre la historia.

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