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Se trata de crecer para generar empleo, aumentar el bienestar social y reducir las desigualdades. Crecer para consolidar la democracia liberal.
Por Rodrigo Botero Montoya - opinion@elcolombiano.com.co
El inicio de un nuevo gobierno es un momento adecuado para destacar la importancia que tiene el crecimiento económico como factor que permite alcanzar los múltiples objetivos de la agenda gubernamental. Con mayor razón es oportuno hacerlo, después de un gobierno que estuvo dispuesto a sacrificar el crecimiento económico en aras de asignarle prioridad a una ideología estatizante y del cual hicieron parte voceros que proclamaban la conveniencia de decrecer.
En su libro reciente sobre la democracia liberal, el Nobel de Economía Daron Acemoglu sostiene que ‘El crecimiento no es todo. Pero si se logran manejar los costos ambientales y sociales del crecimiento y se distribuyen en forma amplia sus beneficios, es la fuente del progreso social.’
La evidencia empírica ofrece abundantes ejemplos de las ventajas que obtuvieron países del Este asiático y del Sur de Europa gracias a lograr altas tasas de crecimiento. Mediante el denominado milagro español de la década de los años sesenta, España pasó de ser una nación atrasada a ser un país desarrollado en los años setenta y a ocupar la posición de décima economía más grande del mundo.
Una economía que logra crecer en forma sostenida al 7 % anual, duplica su tamaño en diez años. Un cambio económico de esa magnitud tiene consecuencias políticas, sociales e internacionales. Mayor prosperidad se traduce en mayor relevancia geopolítica y en mejores posibilidades de proveer bienes públicos y de elevar el nivel de bienestar de la población. El crecimiento ha demostrado ser un medio eficaz para reducir la pobreza. Ese es el argumento más poderoso a su favor.
El estancamiento dificulta la gobernabilidad. Exacerba las tensiones sociales al hacer más aguerridos los conflictos distributivos por el control de recursos escasos.
Venezuela y Argentina ilustran las consecuencias que tienen el desorden fiscal y la inflación desbordada sobre el bienestar de la población, la estabilidad política y la posición relativa en el escalafón internacional.
Erradicar la inflación debe ser un elemento central de la estrategia de crecimiento económico. Como afirma el economista brasileño Persio Arida: ‘La inflación perturba el funcionamiento del sistema de precios, el mecanismo fundamental de una economía de mercado. Cuanto más alta es la inflación, menos eficiente tiende a ser la economía, y, por lo tanto, menor la tasa de crecimiento.’
El gobierno anterior promovió una inflación de 6 % anual, y desplegó una virulencia sin precedentes contra el Banco de la República.
Para crecer se necesitan empresas prósperas. Juan José Echavarría ha elaborado un documento titulado ‘Ecopetrol bajo Ricardo Roa: menor valor, menor rentabilidad y rezago frente a sus pares’ que demuestra el costo de nombrar personas ineptas en cargos técnicos.
En resumen, no se trata de crecer por crecer o por un capricho tecnocrático. Se trata de crecer para generar empleo, aumentar el bienestar social y reducir las desigualdades. Crecer para consolidar la democracia liberal.