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El verdadero problema del fracking

El fracking no es una opción de portafolio técnico; es una herramienta para evitar el racionamiento y proteger la soberanía nacional.

hace 1 hora
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  • El verdadero problema del fracking

Por Diego Santos - @diegoasantos

Llevamos demasiados años perdidos en Colombia, atrapados en un laberinto ideológico, discutiendo sobre si sí, o no, al fracking. Mientras el país se enreda en debates circulares, esta técnica ha sido una válvula de oxígeno para la economía mundial, respaldada por más de setenta años de experiencia internacional documentada. Y no es un experimento improvisado; es una práctica madura y regulada de la cual el mundo se beneficia a diario.

Sin embargo, en Colombia, un sector del ambientalismo y la política radical de la izquierda ha logrado paralizar su desarrollo, anteponiendo dogmas ideológicos por encima de la ciencia y, sobre todo, del sentido común.

Hoy, los opositores van ganando la batalla, pero no por la solidez de sus argumentos técnicos, sino porque han sabido dominar el lenguaje emocional con frases efectistas como “el fracking sostenible no existe” o “sin fracking no hay agua”.

Pero lo preocupante es que el principal cómplice de este arrinconamiento no es el activismo radical, sino el propio sector petrolero del país, que se dejó acorralar en una esquina defensiva por temor al costo político. En un repliegue estratégico fallido, decidieron dejar de llamar fracking al fracking, escondiéndose detrás del tecnicismo de “Yacimientos No Convencionales”. Rehuyeron el debate y cedieron la narrativa pública, transmitiendo al ciudadano un mensaje devastador: si la propia industria le teme a la palabra, es porque ni ellos mismos creen en su confiabilidad.

La industria petrolera suele pensar a muy largo plazo, confiada en que sus planes sobrevivirán a coyunturas de gobiernos mediocres o ideologizados. Pero el caso actual de Colombia no da margen de espera ante la inminencia del desabastecimiento. Con reservas probadas de gas en un límite crítico de apenas 5,9 años y una dependencia alarmante que ya nos obliga a importar el 35% del gas que consumimos, la autosuficiencia energética está en juego.

El fracking ya no es una opción de portafolio técnico; es una herramienta indispensable para evitar el racionamiento y proteger la soberanía nacional. Tan solo el Valle Medio del Magdalena alberga un potencial gigantesco equivalente a 12,5 veces las reservas actuales de gas del país 11.

En esta batalla cultural por el futuro energético, la industria tiene que pellizcarse de una vez por todas, declarar su posición de frente y jugar el todo por el todo sin miedos ni dilaciones. Una minoría ruidosa no tiene derecho a decidir la suerte de una mayoría silenciosa que hoy permanece desatendida. El verdadero problema del fracking ha sido la falta de comunicación directa: a esa inmensa mayoría de colombianos nadie nos ha explicado, de forma contundente y sin rodeos, que el gas bajo el suelo no es un debate abstracto de ingeniería, sino el escudo que protegerá el bolsillo de sus hogares, el empleo de sus regiones y la soberanía económica de toda la nación. Sin fracking no solo vamos a perder la autonomía energética, sino también nuestra autonomía individual, porque el uso de nuestra billetera no lo controlaremos nosotros, sino que dependerá de terceros países que nos venden el gas. Gas que, se lo recuerdo, pagamos usted y yo.

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