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Petro hizo un discurso lleno de imprecisiones ante un recinto (en la ONU) casi vacío.
Por Rafael Pardo - opinion@elcolombiano.com.co
Vestido de guayabera, la tradicional prenda de la cultura caribe latinoamericana, Gustavo Petro se dirigió a la asamblea número 80 de las Naciones Unidas. Nada realmente sorprendió, todo esperable, pero es necesario analizarlo para aproximarnos a su estrategia presidencial de cara a las elecciones de 2026.
Exhibió en la guayabera un símbolo de la consigna de Simón Bolívar “ libertad o muerte“: No llevó consigo la bandera de Colombia. Optó por símbolos de provocación, así como en cada palabra en su intervención.
Hizo un discurso lleno de imprecisiones ante un recinto casi vacío. La delegación norteamericana abandonó sus sillas cuando el presidente colombiano empezó a hablar.
Dentro de las múltiples imprecisiones: el efecto de crisis climática relacionada con la guerra de las drogas, que si bien está más que fundamentado en un importante porcentaje en la deforestación, no logró conectar con el fondo del problema.
Se ufanó de haber incautado la más alta cantidad de drogas ilícitas ignorando el crecimiento de los cultivos de coca y el incremento en la producción de cocaína entregando cifras debatibles.
Mintió sobre las extradiciones pues es claro que no puede disculpar la decisión de haberse negado a extraditar al menos a cuatro extraditables por tenerlos sentados en las fracasadas mesas del proceso de paz total. Y como si fuera poco negó el carácter delincuencial y terrorista del Tren de Aragua.
Acertó eso sí en poner de presente las violaciones en las que incurre Estados Unidos en los ataques a las lanchas presuntamente cargadas de coca en el Caribe y en recordar el genocidio en Gaza.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, nos encontramos con un Petro que usó nuevamente un escenario internacional para posicionar su discurso ideológico, de resistencia del sur global contra el gran capital. Incluso llegó a hablar de revolución mundial e hizo invocaciones a Stalin. Como cuando en Colombia en los balconazos pide al pueblo levantarse en su defensa, en la defensa de quienes han sido marginados históricamente por quienes no tiene dificultad en llamar asesinos.
Decidió usar un problema doméstico como la descertificación que enfrenta para descalificar y ahondar en la ruptura con Estados Unidos, sin ningún intento por avanzar en alguna fórmula para no seguir poniendo en riesgo las ayudas que requerimos, a pesar de los condicionamientos establecidas en el proceso mencionado.
Al final de cuentas, habrá que preguntarse si su apuesta discursiva tiene efectos positivos en sus bases electorales en Colombia cuando su fuerza política atraviesa por enormes dificultades para elegir a un candidato que pueda competir en las elecciones presidenciales del próximo año.