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Columnistas | PUBLICADO EL 01 febrero 2015

QUE NOS PIQUEN CAÑA

PorElbacé Restrepoelbaceciliarestrepo@yahoo.com

Muchas veces, en este mismo espacio, he criticado la Alcaldía de Medellín. He dicho, y lo sostengo, que al alcalde y a su gabinete se les ha ido la mano en el gusto (y en el gasto) por la imagen, la vitrina y la cosmética; que celebran incesantemente “logros” intangibles que a los habitantes poco nos aportan (como el de la ciudad más innovadora del mundo y otros que no cito por falta de espacio); que abusan de estadísticas añejas para demostrar lo que nosotros no sentimos; que los resultados de sus arduas y costosas gestiones para mejorar la seguridad (que me constan) no se notan como quisiéramos; que no me convence la pertinencia de Parques del Río y que sus prioridades no coinciden con nuestras necesidades, que tenemos mil y un problemas sin resolver, etcétera. Pero...

En este momento me pongo el delantal de la Chimoltrufia y me apropio de una de sus frases de combate: “Yo como digo una cosa, digo otra”.

Si bien no existe la alcaldía perfecta, y no existirá nunca, conocer de cerca la Institución Educativa San Benito, el primero de los cinco colegios maestros de la ciudad ha hecho asomar en mí un brote de esperanza.

Un colegio Maestro, en palabras de la Secretaría de Educación, “inspira, aprende, enseña y está en contacto permanente con la comunidad. Es un colegio abierto y que se renueva, que cuenta con espacios públicos para actividades lúdicas y dotación con estándares modernos. Sus rectores y maestros son líderes transformadores. Tiene un modelo educativo diferenciador que integra estrategias como Jornada Única, un Proyecto Educativo Institucional basado en la ciencia y la innovación y una Jornada Complementaria que cuenta con espacios para actividades lúdicas”.

Dicho así suena muy lindo, pero desmenuzado se oye mejor:

La I. E. San Benito está ubicada en el barrio del mismo nombre, una parte deprimida del centro de la ciudad donde uno no se imagina que vivan personas, a pocas cuadras de la plaza Minorista, donde cientos de niños llegaban a trabajar de la mano de sus padres a las tres de la mañana y ahora llegan a estudiar, y donde a cada paso hay inquilinatos en los que viven madres solteras, vendedores ambulantes, otros en oficios sin clasificar y cientos de niños que ahora tienen un colegio moderno, unos maestros calificados que están allí por voluntad, no por obligación, y una Jornada Complementaria para el disfrute del tiempo libre, lejos de los peligros callejeros a los que estaban expuestos, orientada y dirigida por diversas entidades en seis rutas de aprendizaje: Ciencia y tecnología, medio ambiente, cultura, formación ciudadana, deporte y recreación y bilingüismo.

Celebro la iniciativa de la Alcaldía de construir los cinco colegios Maestros que entregarán este año en diversos sectores de la ciudad que los necesitan con urgencia. Es justo y necesario reconocer lo bueno que se hace en beneficio de nuestra sociedad y hoy lo hago con admiración, esperanza y agradecimiento. Y aplaudo con fuerza a los funcionarios de la Secretaría de Educación que empeñan alma, corazón y esfuerzo en estos espacios de saber.

Pero que nos piquen caña porque pedimos más: también se requieren maestros motivados y respaldados; alumnos conscientes de la importancia de su desarrollo; planes de estudio acordes a las necesidades reales; compromiso de las familias para formar personas responsables, cívicas y éticas y voluntad de la administración municipal para sostener el ritmo.

Y ya entrados en gastos, señor alcalde, ¿será mucho pedir que todos los colegios sean Maestros? Sé lo que implica, pero Medellín lo merece.

Elbacé Restrepo

Si quiere más información:

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