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Ojo, que lo que se busca con la salida de Pretelt, puede ser el mecanismo perverso para crear la sensación de que con ello se purifica la justicia, cuando en el fondo lo que se persigue es tapar la pestilencia de lo que en todas las instituciones del Estado está corrupto desde hace mucho tiempo. Culpable o no, aterra la persecución del Gobierno, del fiscal, de los otros magistrados y de la cuasi totalidad de los medios de comunicación, para hacer creer a la opinión que no hay sino una manzana podrida. El mismo fiscal, cuando fue magistrado de la Corte Constitucional, abusó también de su poder ayudándoles a demandantes a salvar tutelas que no fueron seleccionadas para revisión. Yo fui una de sus víctimas, pero el caso era tan claro que, aunque él mismo seleccionó la tutela, no logró que fuera revocada, pues no había el más mínimo viso de inconstitucionalidad. Él no puede ser el Catón en la actual crisis.
Las Cortes tienen gente buena, pero el sistema todo está colapsado por la corrupción y el escepticismo, pues, en no pocos casos, las otras ramas del poder acuden al sistema nefasto de la selección de tutelas para salvar intereses institucionales, amén de proteger intereses privados de esos mismos funcionarios o de sus amigos.
La tarea es de gran envergadura si queremos salvar la institucionalidad. Se me ocurren dos soluciones: la primera, de fácil implementación, consiste en derogar el reglamento de la selección de tutelas, impidiendo la intriga para su selección, o para que los magistrados intervengan para salvar tutelas que no fueron seleccionadas inicialmente. Fue allí donde el Estado de derecho naufragó. Lo de Escobar Gil y Pretelt existe hace muchos años, y varias veces escribí sobre la necesidad de acabar con ese mercado de la justicia. Para tramitar la posible revisión de una tutela no es necesaria la actuación de un abogado y entonces carece de sentido pagar para una gestión jurídica innecesaria. Solo se paga para traficar influencias. Además, que el fiscal se aparte de la controversia, pues no tiene autoridad moral en este caso.
Y la otra solución, de más calado: que no quede piedra sobre piedra, y así paguen los platos rotos magistrados impolutos, se acabe con el mecanismo de elección de magistrados que se arrastran en los pasillos del Congreso para conseguir el voto de los senadores. Que desde las universidades de todas las tendencias, o por medio de otro mecanismo institucional ajeno al poder, se haga la selección de los magistrados, con mecanismos públicos sobre calidades morales y académicas, para evitar la contaminación nauseabunda que nos tiene no al borde sino en el fondo del abismo. Doctor Pretelt, sea culpable o no, por favor denuncie lo que sepa, ya que los demás, magistrados o abogados víctimas de la selección de las tutelas, inexplicablemente guardan silencio. Nadie quiere confrontar al establecimiento, tal vez por temor a represalias. Ojo, que detrás de la cabeza de Pretelt andan otros que quieren que la corrupción no se destape.
*Exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia