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Columnistas | PUBLICADO EL 27 enero 2022

Qué hacer con estos pedazos

Por Diego Aristizábal desdeelcuarto@gmail.com

Todos vamos cargando con cosas, con nuestra propia vida (lo que somos o no fuimos, algún logro, las frustraciones), con aquellas que nos acompañan por obligación (la familia) y por elección (una relación). Hasta que un día, como una metáfora contundente: “a veces basta tirar una piedra sobre un viejo tejado para que una casa se desmorone”. Así comienza la última novela de Piedad Bonnett, Qué hacer con estos pedazos.

Emilia tiene 64 años, está casada con “el marido”, tiene una hija con quien habla poco, el dolor profundo de un hijo muerto a una edad temprana, una madre que fue perdiendo la memoria, un padre de 86 años que va sintiendo el tedio de vivir, una hermana que mezcla la bondad y la culpa, un hermano ausente, en fin, una serie de personajes en una ciudad hostil, fría, marcada por la desigualdad, el dolor social.

La biblioteca de Emilia puede describir muy bien lo que es ella, más cuando su relación con los libros es ambigua, problemática. “Porque a los veinte, una biblioteca es una ilusión, a los cuarenta un lugar de plenitud y a los sesenta un recordatorio permanente de que la vida no te va a alcanzar para leerlos todos”. Los libros son su escape.

¿Qué es vivir con el otro?, sentir la ambigüedad de los reproches o consejos, el desgano del amanecer, de enterarse de la existencia del mundo, la relación fría con los padres, la violencia que se da en las familias, así “jamás se oyera un grito entre sus padres”. La ausencia de conversaciones íntimas con el padre, la vida que pasa vertiginosmanete y no tenemos ni idea de con qué nos quedamos. ¿Qué es querer cuando se lleva tanto tiempo juntos? ¿Y el deseo? ¿Y el adulterio?, ¿de eso no se habla?

Las familias y las tradiciones que se disuelven por un comentario que no respeta los límites, porque los seres humanos herimos con facilidad. Las ganas de romper con el padre, con el marido, con todo, pero nada, “los lazos familiares son también grilletes”. El deseo inminente de pensar que “la vida siempre está en otra parte”, pero no nos vamos, no siempre. ¿Qué se deja de hacer y cuánto nos duele?, como dice Virginia Woolf: “Tantas cosas que dejamos de hacer por pereza de cruzar la calle”.

¿Qué es empezar a hacerse viejo? La mala pasada de que por más que lo dimensionemos “nadie puede prever cómo va a envejecer, ni cómo va a hacerlo su pareja”. Tantas cosas en este libro corto de Bonnett. Que cada lector decida qué hacer con sus propios pedazos, con la intimidad profunda de la vida, con esa piedra que cargamos y no sabemos dónde caerá 

Diego Aristizábal
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