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Columnistas | PUBLICADO EL 24 agosto 2021

Políticos y pañales

Por alberto velásquez martínezredaccion@elcolombiano.com.co

El candidato presidencial que logre sorprender favorablemente al votante joven podría ganar la presidencia de la Republica en el 2022. El que pueda cautivar a una masa joven y flotante, insatisfecha, exigente, que poco cree en la democracia tal como está formulada y practicada en buena parte de los países latinoamericanos. No es una empresa fácil. La juventud ha sido reacia a las urnas.

Según la última encuesta política del Dane, cerca del 50 % de los jóvenes entre 18 y 25 años está insatisfecho con el funcionamiento de la democracia colombiana. Y un 35 %, ni fu ni fa. Les importa poco. Son indiferentes. No se sienten atraídos por partido político alguno, puesto que, en su decadencia, menos encuentran en ellos respuestas a sus propias inquietudes y angustias. Y por eso salen a la calle a protestar o a dejarse influenciar de vándalos que capitalizan sus inconformidades para utilizarlos como carne de cañón de los motines.

Apenas el 14 % de los encuestados se siente satisfecho con la democracia. Antes, en las universidades, se formaban los grupos políticos que nutrían a los partidos, sustento del sistema democrático. De la academia salieron los oradores, los ideólogos, los activistas, militantes con mística y arrojo. Hoy esas universidades en buena parte han sido tomadas por grupos de extremas izquierdas para sembrar anarquía. Los partidos no solo se desquiciaron ideológicamente, sino que, en su huida, abandonaron la universidad. La dejaron en manos de doctrinas exóticas.

La juventud, que en la encuesta se declara más de centro que de las extremas, poco cree en las instituciones. Las ven débiles e injustas. No hallan respuestas en ellas para colmar sus aspiraciones. Las consideran lejanas, extrañas, no comprometidas. Dudan no solo de la eficacia e idoneidad de la justicia, sino de la efectividad del Congreso. Lo estiman cuerpo inútil. Y al no creer en las instituciones ni en los partidos poco participan en las elecciones. Y cuando lo hacen, inclinan la balanza peligrosamente, como aconteció con las alcaldías de Bogotá, Medellín y Cali.

De todos los candidatos que están en la ruleta, el que logre seducir a la juventud, hablándole en un lenguaje claro, atractivo, moderno, alejado de agravios y pendencias, podría ser el sucesor de Iván Duque. La juventud está hastiada de los caciques, que encontraron en la política —frase volteriana recordada por el penalista Fernando Velásquez— “el camino expedito para que hombres sin principios dirijan a los hombres sin memoria”.

Las redes sociales han trasformado la mentalidad de los jóvenes. La revolución tecnológica los conquista. Les creó otros valores y otros paradigmas. No tragan entero y menos se dejan convencer de los viejos gamonales, que con discursos y promesas desgastadas quieren atraer a una juventud contestataria. Y consideran, como Bernard Shaw, que políticos y pañales deben ser cambiados con frecuencia... “ambos por la misma razón”.

El candidato que se sintonice mejor con los intereses de la juventud tiene la mejor opción de ganar las próximas elecciones presidenciales

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