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Columnistas | PUBLICADO EL 30 junio 2022

Países en quiebra

Cuando los gobiernos optan por despeñarse en misiones suicidas y megalómanas en lugar de trabajar con cautela por el bienestar general, solo aguarda la miseria.

Países en quiebra
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
Infográfico

La desidia de los rusos, por mantener en el cargo a un ególatra y cleptócrata, va camino de dejar por el camino un reguero de pobreza como no se veía desde el “crack” del 1929. Todo porque, al golpe de una pandemia de que nadie se ha recuperado plenamente, se le unen los delirios de grandeza de un déspota que tiene las horas contadas, a tenor de cómo le va el frente y la economía. Por culpa de su invasión a Ucrania, que al menos ha logrado reforzar como nunca a la Unión Europea y a la Otan, muchos países comienzan a renquear y algunos incluso han caído ya en la quiebra. Es el caso Sri Lanka o el de Laos, que va camino del colapso. La moneda laosiana, el kip, se ha hundido un 24 % respecto al dólar mientras la deuda pública no deja de crecer, 14.500 millones más, el 88 % de su PIB (en 2019 era del 68 %), a repartir entre 7,2 millones de habitantes con escasos recursos. Cómo será la cosa que ya arrecian las críticas públicas contra el régimen comunista, en el poder desde 1975, pese a la férrea censura. A diferencia de Sri Lanka, que tiene una variedad de acreedores, Laos es deudor al 45 % de China. Hablamos de Laos, pero podríamos volar a Zimbabue o Argentina y la situación, sin ser la misma, sería terrible.

En sí mismas las quiebras no son obstáculos insalvables. Las finanzas del Imperio español colapsaron en varias ocasiones a consecuencia de los costosos conflictos europeos en Flandes, Francia y con Inglaterra, países que también vivieron bancarrotas a costa de guerras interminables. El primer gran crack de la era moderna lo vivió, de hecho, Inglaterra. El “pánico de 1825” hundió la bolsa de Londres por culpa de las pretensiones británicas de quedarse con el desmembrado Imperio español, que habían derivado en inversiones absurdas en territorios sin valor, como el país imaginario de Poyais, invención del farsante escocés MacGregor, que tras combatir con Miranda en Venezuela se dedicó a vender títulos de propiedad de las regiones atlánticas de Nicaragua y Honduras, plagadas de malaria, por toda Inglaterra. La crisis se llevó por delante a seis bancos ingleses, aunque también sacudió a Estados Unidos y Europa. Las reservas de oro del Banco de Francia salvaron del colapso total a Inglaterra.

Todos los grandes países han penado. EE. UU. sufrió su primera gran depresión en 1873. Los sobrecostes cobrados por la ferroviaria Union Pacific, unidos al soborno de congresistas y a una estafa monumental, desataron el pánico en Wall Street y la quiebra de bancos. Resultado: uno de cada ocho estadounidenses se fue al paro en la época del legendario atracador Jesse James. Entre 1893 y 1897, Estados Unidos se vio sacudido por otra tempestad. El “pánico de 1893” cerró 500 bancos, y 15.000 negocios quebraron. El paro llegó al 35 % en Nueva York y al 43 % en Michigan. La lista es interminable.

Muchos países sostienen hoy deudas públicas brutales. La de España ha crecido un 275 % en lo que va de siglo, un indicador preocupante. La situación de Italia es incluso peor. Alemania tiene el dudoso récord de ser el país con más bancarrotas del siglo XX y el peor deudor, todo por culpa de sus afanes expansionistas, como el de Putin. Cuando los gobiernos (amparados por sus ciudadanos) optan por despeñarse en misiones suicidas y megalómanas en lugar de trabajar con cautela y austeridad por el bienestar general, es lo que pasa. Que nos aguarda la miseria a la vuelta de la esquina. Avisados están 

Humberto Montero
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