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Y los sueños, películas son

Las madres buscadoras y las mujeres indígenas que contactaron en el Cauca en el proceso, les enseñaron la fuerza de lo colectivo.

hace 4 horas
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  • Y los sueños, películas son

Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

Gracias a la magia del cine, una historia que empezó en un sueño retrata la pesadilla de 135.000 desaparecidos que en Colombia han sido. “¿Cómo se llama a los desaparecidos? Con la emoción apretando por dentro”, responde la canción de Rubén Blades.

En el caso de Angela Carabalí, de Jamundí, Valle, primera afrodescendiente que llega a las salas de cine con “Soñé su nombre”, además de la emoción medió un sueño que tuvo con su padre agricultor, Esaú Carabalí, líder social que luchaba por mejorar la situación de las poblaciones afro e indígena del Cauca. En el país del Sagrado Corazón esos liderazgos incomodan, pisan callos, desaparecen personas.

La madre de Ángela, Rubiela Giraldo, festiva como un colibrí, artífice del proyecto, le contaba que su taita solía ir a trabajar a los campos de arroz del Cauca. Un día no regresó. La ausencia se convirtió en desaparición. Nunca en olvido.

“La película parte de una historia muy personal que tiene que ver con la desaparición forzada de mi padre. Todo comienza con un sueño en el que él me pide que lo encuentre, y ese fue el detonante para iniciar esta búsqueda”, le contó la directora a la revista Diners. Ese sueño coincidió con otro detonante: la firma del acuerdo de paz con las FARC en tiempos del presidente Santos.

El sueño se convirtió en urgencia de búsqueda. Inicialmente, pensó narrar en tercera persona. Pronto entendió que debía contar su propia experiencia que es la de miles en Locombia. La soñadora de Jamundí aportó sus destrezas en fotografía y en cine documental, su hermana Juliana fue clave en la elaboración del guion. Su madre y su hermano Esaú arrimaron el hombro. Escudriñaron archivos familiares, cartas, fotos, audios. Las madres buscadoras y las mujeres indígenas que contactaron en el Cauca en el proceso, les enseñaron la fuerza de lo colectivo. También ellas les confirmaron la fuerza de los sueños.

El afán por la búsqueda “ se trasladó al equipo de trabajo (de la película), conformado principalmente por mujeres, en una apuesta consciente por transformar las miradas dentro del cine”, precisa Ángela. Apoyó la realización la Corporación Manos Visibles y su Fondo Audiovisual por la Equidad Racial, ERA.

En el festival de Florianápolis, Brasil, “Soñé tu nombre” obtuvo el premio a la mejor película; en el festival de cine de Cali, también ganó el premio “María” ; logró mención especial en el festival canadiense de Hot Docs; fue aplaudida en el festival NYC.

Finalmente, no encontraron al padre. Su desaparición sigue en la impunidad, algo que se volvió paisaje. Hecha la película, Esaú volvió al silencio. Ya sus hijas habían hecho un recorrido íntimo entre la memoria, el duelo y la búsqueda. La película- documental queda como constancia de una época que ojalá algún día sea anécdota. Dolorosa anécdota.

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