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Ganar no significa matar. Vencer no significa eliminar al opositor.
Por Juliana Velásquez Rodríguez - opinion@elcolombiano.com.co
Faltan seis días. El domingo 21 de junio, Colombia celebra la segunda vuelta presidencial, una jornada marcada por una polarización que duele, por la ausencia de debates entre candidatos y por heridas que se han profundizado en la conversación pública. También por un trabajo impecable de la Registraduría Nacional, por decenas de iniciativas de instituciones y ciudadanos cuidando la democracia y por una participación que el 31 de mayo llegó al 57,8%: la más alta en 24 años. A quienes dudan si votar: háganlo. Con alegría. Con la convicción de que ese acto, que dura minutos, marca el futuro. Un futuro que debemos escribir con esperanza, convicción y responsabilidad.
Por eso hoy queremos hablar del día siguiente. Del 22 de junio.
El 22 de junio amaneceremos con un presidente elegido. Probablemente con una participación aún mayor a la del 31 de mayo, que ya rompió récords históricos. Estaremos celebrando la eficiencia y transparencia de la Registraduría, que en la primera vuelta demostró una coincidencia del 99,6% entre escrutinio y conteo. Los resultados llegarán desde el domingo en la noche. Habrá tiempo para comentar en familia, leer, escuchar. Todo estará claro.
Pero el 22 de junio es otro día. Todos los colombianos tendremos que levantarnos y seguir: trabajar, estudiar, luchar por nuestras familias, construir. Y ese mismo día debe arrancar un empalme entre gobiernos que esté a la altura de su misión: técnico, transparente, de cara al país. Uno que permita al gobierno entrante entender el estado real de las finanzas públicas, el avance de proyectos comprometidos, las urgencias del sistema de salud y los retos de la educación. Sin adornos.
El 22 de junio es un reto para las instituciones. Las Fuerzas Militares tienen el mandato constitucional explícito en el artículo 217 de la Constitución, de defender la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y el orden constitucional. Incluye garantizar la transición democrática del poder. Lo mismo aplica a la Registraduría, al Consejo Nacional Electoral, al Congreso y a las Cortes: todos tienen la misión de asegurar que ese día fluya con normalidad institucional. Es un deber, no una concesión.
El 22 de junio el presidente electo asume una responsabilidad que va más allá de ganar: gobernar para todos. La diversidad es una gran cualidad de Colombia. En los primeros cien días habrá que atender lo urgente sin perder la visión: la crisis del sistema de salud, la situación fiscal, la necesidad de un Estado austero, la producción de hidrocarburos y el riesgo real de racionamiento energético, entre otros. No hay luna de miel cuando las urgencias son tantas.
Y el 22 de junio, quizás lo más importante, es un día para sanar. Para iniciar una conversación social amplia que reconcilie, que una en torno a un propósito colectivo. Sanar empieza por reconocer los resultados: quien gana y quien pierde honran la democracia cuando aceptan el veredicto de las urnas. Ganar no significa matar. Vencer no significa eliminar al opositor. El tono de ese primer día, del gobierno saliente y del entrante, marcará en gran medida el clima de los próximos cuatro años.
Desde Proantioquia invitamos a votar el domingo. A hacer de la democracia una fiesta y aprovechar beneficios que más de 150 empresas ofrecen en www.valevotar.co como reconocimiento a su participación. Los invitamos a pensar en el 22 de junio. Cuando el conteo termine, la vida sigue. Y nuestra misión, la de todos, es construir un futuro próspero para Colombia y sus habitantes. Entre todos. Juntos.