Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Por Nicolás Fernandez Giraldo - Grupo @10ampro - @nicoferdo73

Grasa o libertad

Y aquí está el punto incómodo. Compartir un enemigo político no es salvoconducto para tolerarle a la derecha prebendaria sus conductas contra la libertad.

hace 5 horas
bookmark
  • Grasa o libertad

Por Nicolás Fernandez Giraldo - Grupo @10ampro - @nicoferdo73

En año electoral, la batalla cultural por la libertad se vuelve popular. Basta con señalar a la izquierda colectivista y sus graves defectos morales para sentir que uno ya cumplió. Entre muchos temas, es vital denunciar su estatismo, su afición por expropiar, sus manipulaciones semánticas y su ataque permanente al mérito. Esas críticas las celebra la gente normal, aquellos que admiten que el agua moja y el mundo es redondo. El colectivista todavía lo está sometiendo a consulta popular.

Pero conviene recordar que la batalla cultural no es una moda ni se gana en el trino del día. Se fundamenta en el respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión. De ahí se desprende lo demás, entre otras, la defensa a la propiedad privada y los límites al poder del Estado. Una libertad que sólo se defiende contra el adversario político no es un principio, sino una preferencia. Y si uno se toma el principio de la libertad en serio —y no como bandera de ocasión—, no puede mirar para otro lado cuando el privilegio llega vestido de gremio, de tradición o incluso de derecha.

Por eso escribí la serie Campeones de la Grasa, disponible en nopidopermiso.com; unos textos sobre entidades que viven del privilegio estatal a expensas de la libertad económica individual. Las cajas de compensación, las cámaras de comercio y las notarías reciben un privilegio estatal para cobrar peajes con fuerza de ley, se ahorran competir por los clientes y terminan construyendo conglomerados enormes. Y, de paso, capturan poder político sin pasar por las urnas y montan una máquina de marketing tan eficaz que el ciudadano cree que les queda debiendo, y a veces, hasta les aplaude.

Ninguna de estas tres estructuras son criaturas de la izquierda. Al contrario, hacen parte del establecimiento que buena parte de la derecha defiende, integra y disfruta. Y sí que corroen la libertad de forma insidiosa. A punta de costumbre, le enseñan al ciudadano que pagar un peaje obligatorio es normal, que su consentimiento es prescindible y que sobre lo suyo siempre habrá un tercero con el absoluto derecho a cobrar. Cada cuota y cada parafiscal normaliza la coacción y atrofia el músculo que desea libertad. Estas entidades son grasa pura, son privilegio disfrazado de institución.

Y aquí está el punto incómodo. Compartir un enemigo político no es salvoconducto para tolerarle a la derecha prebendaria sus conductas contra la libertad. El precio por la libertad es su permanente defensa, aunque incomode a los cercanos. El que la usa selectivamente, sólo para golpear al adversario político, no la está peleando, la está usando de coartada. Y confiando que este domingo resulte electo Abelardo, tocará acelerar esta batalla cultural y vigilar que su mandato nos permita avanzar en una agenda de más libertad individual.

Toda grasa se paga con libertad. Por eso la grasa no debería tener aliados.

Sigue leyendo

Por Nicolás Fernandez Giraldo - Grupo @10ampro - @nicoferdo73

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD